Febrero-ZOOO-Edición 4 FORO I 15 Aún articulados, tos poderes que mataron a mihijo: luis Colosio Ramón Alfonso Sallard Don Luis Colosio Fernández recuerda casi seis años después: "Fue traumatizante para mí la muerte de mi hijo. Eso me causó un impacto terrible. Y luego las escenas horrorosas que vi en la televisión. Y las fotografías que le dieron la vuelta al mundo. Imposible. No las puedo borrar de mi mente. Por ello, no sé cómo hay personas que piensan que yo pueda transar o vender la memoria de mi hijo. Solamente una mente deshumanizada, perversa, puede pensar que podemos lucrar con la memoria del ser querido. Soy sincero: A quienes me acusan de esa forma, no les deseo ni por asomo, que vayan a tener trastornos o un sufrimiento similar ni en la más mínima parte". El padre de Luis Donaldo Colosio, el candidato presidencial priísta asesinado en Lomas Taurinas, Tijuana, reconoce que teme por la vida de Francisco Labastida y dice que así se lo ha manifestado, toda vez que los "intereses oscuros", los “poderes ocultos" que propiciaron el crimen de su hijo, no han sido desarticulados. “Creo que en todas las épocas políticas se recrudecen. Como el cáncer, son células agresivas que ahí están y que en un momento dado se reproducen causando nuevamente un tumor." Revela: “No he dejado de decirle: ‘Señor, cuídese más. Por experiencia propia le digo: cuídese', y él me la acepta de buena gana. 'Tengo buena protección', me responde. Sin embargo, pienso que él no descarta ni nadie puede descartar, que no sólo él, sino cualquiera de las personas que andan en campaña, pueden ser víctimas de muchas cosas. No solamente de una venganza política.” Colosio Fernández, que cumplirá 77 años de edad el 2 de marzo, asumirá en breve la secretaria general adjunta del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, después de participar activamente en la precampaña interna de Labastida. Sabe que por su apoyo al hoy candidato ha recibido acres críticas y asume las consecuencias. En entrevista con Proceso explica sus razones. La conversación tuvo lugar en la residencia que habita al norte de Hermosillo, en una zona clasemediera, cuyo acceso está restringido por una caseta de vigilancia. Inmueble sobrio, sin lujos. Era la casa de Luis Donaldo en la capital sonorense. Aún cuelgan de las paredes los óleos que él dejó. En la sala, una pequeña estatua en bronce de Luis Donaldo obra del escultor de origen español Armando Martínez. En una mesita lateral, un portarretratos con dos fotos: las de Luis Donaldo y Mañana Colosio Riojas. El antisalinismo de Labastida, la clave El 16 de diciembre de 1999 se dio a conocer en la Ciudad de México el nombramiento de Luis Colosio Fernández como secretario general adjunto a la presiden cia nacional del PRI. La reacción en Sonora fue inmediata: los dirigentes del PAN, Gustavo de Unanue, y del PRD, Carlos Navarro, coincidieron en señalar que “la gente no ve bien ese tipo de utilización de Colosio". El obispo José Ulises Macias terció: "La imagen de Luis Donaldo debe servir para que se tengan mejores candidatos y un proceso electoral limpio, no para que se vean intereses personales ni de partido". Don Luis no respondió, pero el secretario particular de Luis Donaldo, Alfonso Durazo, salió en-su defensa. Publicó un amplísimo artículo en el diario El Impar-cial de Hermosillo, y en el suplemento Enfoque del diario capitalino Reforma, con el título “Las razones de don Luis". Ahí planteó: “Es un falso dilema el que se presenta entre la participación política de don Luis y su congruencia personal, y con base en esa contradicción aparente se le están pasando facturas que, en estricto rigor, no adeuda... si las decisiones políticas de don Luis se redujeran al intercambio de ventajas, los miembros de su familia ya habrían dejado atrás los niveles de subsistencia económica en que viven (...)". Agregó que no le parecía “justa" la tentación de poner bajo sospecha la honorabilidad y congruencia de Colosio Fernández, “por el solo hecho de haber aceptado una modesta responsabilidad en la administración pública (delegación de Sagar en Sonora), porque nada de ello ha sido a cambio de prebendas o votos de silencio”. Reveló que don Luis rechazó ofertas reiteradas, “irresistibles aun para un politico sin ambiciones", como una candidatura plurinominal a senador en el primer lugar de la lista correspondiente, “hecho que por sí solo le habría garantizado su acceso al Senado”. Reconoció que, en un primer impulso, “yo tampoco estuve de acuerdo con su participación política (al iado de Labastida); sin embargo, movido por reflexiones más ponderadas, reconozco ahora no sólo su derecho a participar, sino la conveniencia de que lo haga”. Lo cierto es que la cercanía de don Luis con Labastida no es reciente. Desde hace varios años, frecuentes fueron los contactos y atenciones del exgobernador de Sinaloa para la familia Colosio. Por ejemplo, poco antes de fallecer, Diana Laura Riojas, acompañada por sus hijos, fue huésped de Labastida en Portugal, donde era embajador de México. Hay, sin embargo, otros elementos que orillaron a don Luis a definir públicamente su apoyo a Labastida. Se trata del factor Salinas. Habla del candidato priísta como “un hombre de lealtades y de principios”, pero aclara que la lealtad no es la única variable que lo motiva, “también su trayectoria, su integridad, su compromiso con el ideario de Luis Donaldo; es decir, además de los elementos subjeti- § vos que tienen que ver con la amistad, hay una evaluación política objetiva que me convence". Incluso, dice don Luis, la invitación para que se sumara a la campaña labastidista fue “sin ofrecerme nada a cambio, sin pedirle nada a cambio". —Lo primero que hizo Labastida al renunciar a Gobernación —le recuerda el reportero — fue venir a Sonora y asumir el compromiso colosista. Y una vez que es declarado triunfador, se deslindó de Salinas. —Exactamente. Los dos son puntos importantes. —¿Es lo que usted esperaba de él? —Fue lo que satisfizo mi esperanza. Cuando, al momento de conocer su triunfo en la elección primaria, hace ese deslinde y dice: ‘Es hora de dejamos de esto, es hora de retomar esto otro'. Quedó perfectamente claro. —¿Y Roberto Madrazo? —Él también es mi amigo. La desilusión con Zedillo Don Luis recuerda que hace seis años, como hoy con Labastida, creyó en Ernesto Zedillo: ‘‘Fue en julio (del 94) en el Centro de Usos Múltiples de Hermosillo. Un lleno a reventar. Y todos aplaudimos y nos llenamos de euforia cuando dijo que en el caso de Luis Donaldo no descansaría y llegaría hasta sus últimas consecuencias. Recuerdo que me levanté y le di un abrazo. Sin embargo, el tiempo ha pasado y ese ofrecimiento está pendiente todavía. No cumplió con las expectativas." —¿No fue leal Zedillo? —No podría describirlo como una deslealtad. Sólo sé que ese compromiso expreso, al que él públicamente se comprometió, no se ha llevado a cabo. Labastida, en cambio, no me ha hecho un ofrecimiento similar, sólo el ofrecimiento que hizo a la nación de que en caso de que llegue a la Presidencia gobernará con los mismos ideales de Luis Donaldo. Eso me da confianza, me alienta. Sin embargo, soy consciente de que tendrá que transcurrir el tiempo y las circunstancias para que esto se arregle. —¿Por qué no fue al fondo el presidente Zedillo? —Cada vez que hago un reclamo de justicia, principalmente en el aniversario luctuoso de Luis Donaldo, digo que no se ha actuado conforme al Estado de derecho. Que las investigaciones, o el resultado de las investigaciones, principalmente con el último fiscal, a nadie satisfa cen. Es un proceso viciado. Desde el principio lo hice notar. —¿A qué otra cosa aspira don Luis a la luz de su participación política al lado de Labastida? ¿A una senaduría? ¿Es cierto que se la ofrecieron en 1994 y la rechazó? —Asi es. —¿No la aceptó? —No la acepté. —¿Y si se la ofrecen de nuevo ahora? —Desde que empecé a participar con Labastida, ni él me ofreció ni yo le he pedido. Estamos en una libertad absoluta. —¿Por qué no aceptó en 94? —Muy dentro de mi consideré que no estaña a gusto conmigo mismo. Don Luis Colosio no advierte contradicción alguna en el hecho de haber sido servidor público hasta hace poco, ocupar actualmente un puesto en el PRI y denunciar el asesinato de su hijo como un “crimen de Estado". Pero rectifica el término: "Expresé incorrectamente la palabra Estado, cuando el crimen de Luis Donaldo es un crimen político. Donaldo no llegó a ser el estadista validado mediante el voto ni llegó a ser presidente de la República. Entonces estoy equivocado al decir que fue un crimen de Estado. Rectifico: fue un crimen politico. Siempre he dicho que el crimen de Donaldo se fraguó en las más altas esferas del poder, de eso no puedo retractarme y lo sigo diciendo.” —Cuando usted escucha el nombre de Carlos Salinas de Gortari, ¿qué siente? ■—Hago una regresión mental a esa época que me tocó vivir. Recuerdo al hombre Salinas, recuerdo a mi hijo, cuando eran una pareja política que aparentemente eran un todo, porque se entendían perfectamente bien. Y me hago la gran pregunta para la que no tengo respuesta: ¿por qué ese cambio? ¿por qué? Y trato de contestarme yo mismo:¿seria la ambición de poder? Ese poder que, dicen, sentía Salinas, que quería perpetuarse. ¿Serian intereses que lo presionaron y lo obligaron a crear ese clima de enrarecimiento, de inseguridad, hasta llegar al asesinato de Luis Donaldo? “Pero no lo recuerdo, ni a él ni a nadie, con rencor ni con odio. Son consecuencias de la condición humana. Lamento con todo mi corazón que me haya tocado perder a mi hijo en esas circunstancias, en esos juegos, en esas altas y bajas, en esos ires y venires de la poli-tica. Mis pobres arengas pidiendo justicia no van cargadas de odio. Busco que se pueda vencer la inercia existente, para así llegar al camino de la verdad, sin odios ni rencores. Lo inevitable ya sucedió. La vida no retoña. Que el ejemplo de mi hijo, de rectitud, de limpieza y transparencia que fue su vida, dé frutos."