20 de Abril, 1924. REVISTA CATOLICA 271 LA ORGANIZACION “KU KLUX KLAN” ¿Quién no ha oído hablar de la organización llamada “Ku Klux Klan”? Su sólo nombre parece excitar en los oyentes o lectores la idea de terrorismo o de cuanto significa crimen y villanía. Y a fe; que a dar crédito a cuantos crímenes se le atribuyen por la prensa de todos los colores, muy en consonancia está con la realidad el concepto formado de esta institución netamente protestante. Primitiva Institución Klanista. Surgió esta institución a la luz pública en el a-ño de 1914 al influjo y actividades de un pastor protestante, llamado William Joseph Simmons, de Atlanta, Estados Unidos de América. No es, sin embargo, la primera vez que aparece en la historia el nombre de Ku Klux Klan; pues ya en el a-ño de 1865 lo encontramos aplicado a un Club constituido en Pulaski, Tenn., por un grupo de jóvenes de raza blanca, cuyo principal objeto era o-ponerse a los desmanes que por entonces frecuentemente cometían los negros contra los blancos. Poco a poco vemos a este pequeño Club ensanchando su acción e irse transformando en una sociedad bien organizada, poco después de la guerra civil, a cuyo frente aparece el general Nathan Bedford Forrest, de quien solía decir el general William Tecumset Sherman, que era el hombre más admirable y extraordinario de cuantos se encontraban en ambos bandos en la guerra civil. Grand Wizard era el título con que se designaba entonces al jefe de la institución. Sabido es que después de la guerra civil se a-provecharon no pocos de los políticos del Norte de la difícil y anormal situación creada en el Sur, para sus egoístas fines personales. Para esto, procuraron congraciarse con los negros que les sirvieron a maravilla para sus astutos planes. Y las cosas llegaron a tal extremo en el Sur, que, sin gobierno firme y estable que supiese hacer frente a los continuos trastornos que incesantemente estaba suscitando la raza negra contra la blanca, quedaban las vidas y las propiedades de los blancos a merced de los de la raza de color. Tal estado de cosas hizo que los blancos se organizaran para defender sus propios intereses; pero siempre como verdaderos auxiliares del gobierno, que, como hemos dicho, no contaba con fuerzas suficientes para sostener el orden y la tranquilidad. Era, pues, en sus principios una institución muy en consonancia con las circunstancias, y merecía la aprobación de las personas sensatas y el apoyo semioficial del mismo gobierno. Disolución oficial. Pero aun habiendo empezado con la mejor de las intenciones, sucedió lo que ordinariamente suele suceder en tales instituciones. Entró el a-buso; fué infiltrándose el espíritu de independencia y el espíritu egoísta de unos cuantos vivido res que solamente buscaban en ella un instrumento aptísimo para sus ambiciones personales; y vino al fin a degenerar, como dice el Dr. Fleming en la Enciclopedia Británica, en un movimiento revolucionario, más o menos solapado y venturoso, contra la reconstitución misma del país y de los gobiernos, que no poco dependían del voto y apoyo de los negros. De aquí que el Congreso de los Estados Unidos disolviera dicha institución por medio de leyes establecidas en los años de 1871 y 1872. Así desapareció la antigua Ku Klux Klan; pero quedaron sus restos en disposición de ser reanimados nuevamente tan pronto como vinieran a ponerse en contacto con cualquier soplo de vida en condiciones favorables. ¡Nuevo Klan! Y en efecto así fué. Los trastornos de la guerra europea dejaron el campo magníficamente preparado. Bastó, pues, que el ministro evangélico, Mr. William J. Simmons, reengiera los restos dispersos, que secos y carcomidos como los que nos refiere el profeta Ezequiel (XXXVII), quedaban todavía, e inspirara sobre ellos el espíritu de las ambiciones humanas y egoístas revestidas con el antiguo ropaje del patriotismo y de la religión, y pronto apareció una multitud entre los más refinados y egoístas de los denominados evangélicos, que saludaron con entusiasmo la nueva institución. Su fin y naturaleza. De carácter estrictamente secreto la institución, hemos de atenernos a lo que ella misma pública y oficialmente expone. Según, pues, oficiales documentos, su fin es inculcar los sagrados principios y nobles ideales de caballerosidad, el desenvolvimiento del carácter, la protección de la humanidad, la defensa y sostenimiento de la ley, el fomento del verdadero patriotismo, la defensa e integridad de América, la inviolabilidad del hogar y de la Constitución, la supremacía de la raza blanca___ Pero todo esto no es más que canto de sirena para atraer y encantar a los incautos. En la realidad, no es más que una sociedad subversiva de todo orden y de toda ley divina y humana; una organización política y antirreligiosa, formidable, que pone sus egoísmos personales muy por encima de los bienes y grandeza de la nación; una a-menaza constante y terrible para todo lo que sea orden, justicia, dignidad, decoro y honradez; una burla a las instituciones que son el alma y la vida de la nación americana.... Voces autorizadas. No somos nosotros los que emitimos este juicio. Son las voces más autorizadas de todas las clases sociales y de todos los credos en los Estados Unidos, las que tan enfática y enérgicamente lo