VOL. 26 EL TIEMPO. PERIODICO DEDICADO A LA POLITICA Y PROGRESO DEL PUEBLO NEO-MEXICANO. PRECIOS DE AVISOS LA.S CRUCES, NUEVO MEXICO. SABADO, MARZO 2 DE 1907. NUM 9. SANITARIO --------DEL DR. DIAZ-------- Kequiea de le Celle drl Agua y Avenida de Don G »U somsroo m el mu eouguo. me» grande, mas Inerte y mejor abae-Uewk, de LaaCraoee üwaño cumpeUnoie en ouanlo á efeetoe, calidad j I reeioa Las Oruwe. Huevo Meneo, Los inspectores de inmigra- ■ ción, empleados de la aduana y oficiales especiales empezaron en el acto á escudrifiar ■ minuciosamente toda parte de i la ciudad en su busca. John L. Burnham, M. D. MNIcej Cirajano^c @ Ciili Iwti Priiclpil Oliioina en la casa y resi-delicia de Florencio Luna . - ■ Lis Gneis, I. M. CUANDO VIAJE VD. TOME EL Mi A. T. db BAJNITA FE ---Le vía Mee Corta- i ««i.w i-’- oc"<-. — “4““■ ™ hm™,,- «. lo. l»í^« U-U-. *«»“•*• de -wmodidedM abordo donde le eirveo lu mejore, eomv du por el repsudo aervLoo Harvey y u da atea, atoe con pioatiud y esmero a loe peeejeree. • excelentes w COCHES PULLMAN r Pui Twlstu. cines ii Slllis RwllMtMlas. El escape de Villareal íué, por su astucia y nervio, curioso, causando á la vez sensación. Cuando dejó el edificio federal después de la investí gación preliminaria ante el co misionado Howe. bajo el cargo de violar las leyes de neutralidad de este país, y ser descargado, fué entregado por el inspector en jefe de inmigración Schmucker al inspector Tony Sierra cun instrucciones de conducirlo al puente de la calle de Santa Fe- Villareal, en la calle de Oregon, pidió permiso para entrar á alguna oficina telegráfica para enviar un telegrama, según dijo, á uno de sus parientes. El inspector Sierra concedió el permiso y marchó con su hombre á la oficina del Western Union. Villareal entró á ésta mientras Sierra permanecía á la puerta. i Un minuto después el inspector en jefe Schmucker llegó allí en su buggy y Sierra se I retiró algunos pies de la puer ta para hablar con él Cuan-| do volvió á ésta, su hombre se । habia eclipsado. 1 Sierra en el instante se puso sobre las huellas del prófugo-Se encontró que Villareal habia salido á un callejón por una puerta de al lado, y corriendo hkcia á otro callejón al poniente, fué á dar á la calle de San Antonio que cruzó con rapidez y subió la escalera del block Bronson. Aquí desapareció. Una escuadra de inspectores rodearon el edificio por horas y horas para poner en jaque su fuga si aun ee encontraba allí, mientras otros oficiales hacían sus rondas y buscaban por todos los rincones y barrios de la ciudad. El sensacional escape vino precisamente i efectuarse en los momentos en que el gobierno de México estaba pera salir victorioso en su prolongada insistencia sobre la extradición de Villareal; y tenerlo en su poder. El arresto de Villareal fué causado por el cónsul Mexicano Sr. Mallén hace algunos meses, y el primer cargo en su contra fue el de haber violado las leyes de neutralidad de los Estados Unidos. Poco después. México pidió su extradición alegando que se le quería en aquel país para juzgársele por homicidio perpetrado por él allá. Los abogados de Villareal en El Paso siguieron todos los pasos dados por el gobierno Mexicano en el asunto, y finalmente probaron que el cargo de homicidio hecho por ese gobierno contra su cliente habia sido puramente un caso de defensa propia De tiempo en tiempo la causa de Villareal por violación de las leyes de neutralidad al levantar revolución en contra de México, se venia aplazando. objetando siempre Villa real al descargo de ella. El Lunes volvió éste á pedir otro plazo por medio de sus abogado», que se le negó. El co misionado Howe le formuló juicio y descargó la causa, siendo entónces entregado al inspectar en jefe Schmucker, quien ordenó fuese llevado al puente internacional. Con referencia al escape de Villareal, el inspector Sierra dice: "No hacía un minuto que Villareal habia entrado á la oficina de telégrafos- Yo me hallaba hablando con Mr. Schmucker, que nos había seguido en su buggy hasta allí, y dejándolo por un momento, me asomé á la oficina para asegurarme deque mi hombre estaba adentro. Mas cual sería mi sorpresa al encontrarme con que había desaparecido, é inmediatamente me puse á buscarlo por todo aquello, hasta detrás del mostrador creyendo que se hallaría escondido por allí." Miss Lena Bacon, empleada de la oficina Western Union y quien recibió el mensaje de Villareal, declara sin embargo, q’ éste se dirigióá la puerta del frente y se deslisó hacia el callejón sin ser percibido por el inspector. "Me dió el mensaje. dice, y actuó tan extrafia-mente, que me puse á cuidarlo. Se dirigió á la puerta, vió con rapidez en todas direcciones y salió por donde habia entrado. como si tal cosa." El telegrama que Villareal envió, aparece que no fué dirigido á sus parientes sino á un amigo suyo en Fort Hancock, y un pretexto para procurar su escape. En efecto, el hombre no perdió tiempo en aprovechar la oportunidad que se le habia dado- Schmucker ha notificado á las autoridades en Washington de la fuga de Villareal y aguarda instrucciones- UN HORRIBLE SUPLICIO LOCO 01 TIRROR. Los diarios ingleses dan cuenta de un hecho sensacional ocurrido en la India. Un grupo de jóvenes oficiales se entretenían jugando una partida de "whist", siendo entre todos el teniente Maxey, el ganancioso. Un testigo presencial, el subteniente Huhers relata asi el suceso: "Maxey, que siempre es a-fortunado, había ganado cinco veces seguidas. Esta ganancia había dada á su fisonomía cierto aire de satisfacción que estaba muy lejos de causarnos risa, por ser nosotros los que perdíamos. De repente le vimos cambiar de color: dudaba en jugar, y tanto nos sorprendió cuanto que nadie jugaba ni más bien ni más pronto que él. pues poseía bien el juego. —Jugad, pues, Maxey. ¿En qué pensáis? preguntó impacientemente Churchill, uno de los oficiales más impetuosos que haya llevado jamás el uniforme de los guardias de Corps (bodyguards). —¡Silencio! dijo Maxey con un tono que nos hizo estremecer y palideciendo en extre- —¿Estáis indispuesto? dije otro que se preparaba ya á levantar creyendo que nuestro watigo se había puesto malo. —Por amor de Dios quedaos sentados, no os menéis, repuso Maxey con voz que anunciaba á la vez el terror y el sufrimiento. Y dejando caer sus cartas afiadió: —Si apreciáis en algo la vida no os mováis siquiera! —¿Que le habrá dado? ¿Ha perdido la razón? preguntó Churchill, dirigiéndose á unp de sus compafieros- —¡No os levantéis, no os mováis! esclamó de nuevo Maxey en voz baja y aterrada, con un acento que no olvidaré mientras viva: al menor moví- (CoeUoka en le Id» pSgtae)