■10 SALTILLO COMERCIAL , ' InBTt.mHiiwmiiuujrtuifliiuiiMiiiziihftXiraiiuuw i amwii it ríiihflttiifDtfrm'.Tmiu iimjurtiiiHiiruyitniíiiiiUTiiiítiU inttiftlzwuiiiiiliiuimuxmomlijniHiTiTntttffltTiUT. innitftti 11 ttts : iík4iMd^ftiírzizrtTt-iMiHaflTur»iírnTAJ8!flnimiiftuiniuiii»tnmy®irtu3u>flMLzTrTTT PBECICS CAJOS C 1. ' El Progreso Economic Dice Harold 6. Mculton Presiden^? de la Institución Brookings. Cada gran crisis económica hace brotar un sinnúmero de planes encaminados a curar a la sociedad de sus dolencias. Algunos tienen el carácter revolucionario y quie ren cambios fundamentales en la estructnnai político-social. Otros restringen su alcance a alguna fase especial del sistema económico, como <1 sistema monetario o los tipos de interés. En pasadas depresiones eco nómicas prevaleció la idea d.c reformar el sistema monetario o el bancario. En la actual se nota que los planes principales buscan el retorno de la prosperidad a través ck1 la redistribución de ]a riqusiza y del aumento del poder adquisitivo. Para comprender lo que envuelve la redistribución de la riqueza de un país dado es preciso darnos cuanta clara de los elementos que componen tal riqueza: las cosas nue en concreto habrán de dividirse. Necesitamos un eiemolo. Sirvámonos de los Estados Unidos. Cuando nos enteramos de que la riqueza d^ este país ascendía en 1929 a unos 460.000 millones de dólares, tenemos generalmente la idea que tal es la suma de en dinero sonante y contante poseída por la población "total del país tomada como un todo. Y suponemos que su redistribución se i-educiría a un simple traslado de fondos. Total, dar a cada familia^ unos $15.000. Naturalmente la verdad no es ésta. La verdad es que los 460.000 millones no son sí-no la representación en cifras fácilmente comprensibles del valor de terrenos, fincas, minas, ferrocarriles, fábricas, mercancías, etc. Son estos bienes materiales los que constituyen la riqueza de una nación. Principiaremos por hacer notar que una porción considerable de tal riqueza no es distríbuible por ser ya propiedad pública: terrenos y edificios públicos, colegios, iglesias, museos, barcos de guerra, caminos, obras de irrigación, algunos ferrocarriles urbanos y suburbanos, algunas empresas de servicios públicos, etc.; así como la mayor parte de las existencias de' oro y plata de la nación. Ademiás. la división matera! de muchos de los bienes materiales enumerados resultaría imposible. Así puss, para hacer prác tica esta proyectada redis-Mhución de la riqueza ha bría que recurrir a la emisión de documentos que represen taran sn valor, para mjp de tales documentos se hiciera la distribución por partes iguales. Inmediatamen INVENCIONES ij descubrimientos científicos Han creado formas nuevas de realizar el ti abafo Humano a menos costo. Se ha hecho po-sibY, pues para todo mundo, un nivel v^ís alto de vida. ¿Cómo h-t dfx distribuirse es- te tendríamos que darnos cuenta de que un plan de esta naturaleza, para ser llevado a la práctica, requeriría ponerlo en manos del go bierno a fin de que éste cuidara de su ejecución. Esto es. habría necesidad de concen trar en poder del gobierno la riqueza total del país para que dicho gobierno, lograda - Ja concentración.- pudiera extender a cada uno de los pobladores un certificado d? propiedad por valor de la enésima parte de la riqueza total, la que; se conocería me di ante la división del valor total de la riqueza mencionada entre un número de personas que componen la población. Habría que recurrid a la confiscación, ya que resulta obvio que no se podría obtener el pago de impuestos equivalentes al 100 por cien to del valor de los bienes que componen la riqueza que se trata, de redistribuir. Pero supongamos que se ha podido redistribuir la re^