790 REVISTA CATOLICA 30 de Noviembre, 1924. SECCION RELIGIOSA SANTO EVANGELIO DOMINGO I DE ADVIENTO Venida gloriosa del Señor. S. Lucas, 25-23.—En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: Habrá señales en el cielo, en la luna y en las estrellas: y sobre la tierra los pueblos estarán en desolación por el estruendo del mar y de las olas. Los hombres se consumirán por el temor y expectación de lo que ha de suceder en el universo, porque las virtudes del cielo se moverán. Y entonces verán al Hijo del hombre, venir sobre una nube con gran poder y majestad. Cuando empiecen estas cosas, levantad vuestras cabezas y mirad a lo alto, porque será señal de que llega vuestra redención. Y les puso esta comparación: Mirad a la higuera y a todos los árboles: cuando comienzan a sacar fruto, conocéis que está cerca el verano. Así vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que. está cerca el reino de Dios. En verdad os digo, que no pasará esta generación sin que todo esto suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. DE LA INTOLERANCIA DE LA IGLESIA. Una de las acusaciones que frecuentemente están lanzando contra la Iglesia Católica sus adversarios es la de ser INTRANSIGENTE E INTOLERANTE. Y aunque semejante inculpación constituye un gran elogio más bien que una o-fensa, y la presenta como la verdadera depositaría de las enseñanzas de Jesucristo, que- jamás varían ni están sujetas al capricho de la moda, o a los tiempos o a los juicios o pasiones humanas, como lo están las doctrinas y enseñanzas de los hombres; con todo, dado ese espíritu de la decantada tolerancia moderna como una de las conquistas más gloriosas de los tiempos y del progreso intelectual y social, no suele hacer poca mella aun entre católicos, que quieren pasar como prudentes, contemporizadores y a la altura de nuestro siglo- Ni es raro el que se vea a estos stcper-hombres formar coro con los enemigos de la Religión, creyendo -con esto agrandarse y presentarse como superiores a los demás católicos a quienes consideran raquíticos de espíritu, apocados de corazón, y de muy estrecha inteligencia. Pero rengamos a cuentas. ¿En qué es intolerante la Iglesia Católica y en qué lo son los verdaderos católicos? La Iglesia Católica es intolerante en materias de doctrina y de costumbres; lo es con el error; y en esto son también intolerantes los católicos y deben serlo. La verdad no puede admitir transacción alguna con el error, como no puede admitirla la luz con las tinieblas. Depositaría la Iglesia de las enseñanzas de Jesucristo, debe guardarlas intangibles y protegerlas contra todos los que intenten alterarlas o negarlas, so pena de traicionar la misión que el mismo Jesucristo le confiara. Ella es responsable ante Dios de ese depósito que se le ha confiado, y no puede sacrificarlo al capricho de los tiempos o a las aberraciones de los hombres, cualesquie ra que sean las apariencias o los nombres con que se presenten. Y este mismo tesón, esta misma constancia y energía de la Iglesia en salir por los fueros de la verdad y en no ceder un ápice . en materia doctrinal, aunque por esto tenga que x ser el blanco del odio y de los más furiosos ataques y persecuciones de parte de los que no se a-vienen con la moral de las doctrinas de Jesucristo, aun de parte de los poderes públicos jacobinos, es la prueba más fehaciente de la misión divina de la Iglesia y de que en ella y solamente en ella reside el depósito de la verdad- ¿Qué Hubiera sido____? Si ella hubiera tolerado las aberraciones del paganismo, todavía estaríamos prosternados ante 3 ídolos inmundos; si hubiera tolerado las herejías, ya haría tiempo que la verdad sobrenatural hubiera desaparecido de la tierra y nadie sabría a ciencia cierta a qué atenerse en cuestión de religión y lo que propiamente había de hacer para salvarse; si hubiera tolerado el filosofismo del siglo XVIII, las mismas verdades naturales habrían cedido a los errores más monstruosos; si actualmente cediera a las doctrinas deletéreas del moderno Liberalismo, ciertamente se la dejaría en paz, pero andaría el mundo al vaivén de las más descabelladas doctrinas y volvería a caer rá-tapidamente en su antigua corrupción. Para tolerar tranquilamente el error, -es preciso no ser hombre racional o pertenecer a la clase más envilecida de la sociedad. Hay cosas en que no es posible racionalmente ser tolerante. La intolerancia es una ley general- Por eso la intolerancia, bien entendida, es una ley general que se encuentra siempre y en todas partes. Intolerante- es el poder civil cuando hace fusilar a ciertos malhechores y reduce a prisión a los ladrones y perturbadores del orden público; intolerante es el médico que amputa sin piedad un miembro gangrenado; intolerante el pastor cuando sacrifica una oveja inficionada por la peste a fin de salvar a las demás ; intolerante la sociedad cuando rechaza los alimentos corrompidos o perjudiciales; intolerante el padre de familia que no permite que se deshonre a sus hijas, y en fin, intolerante es todo hombre que no permite que se falseen los principios verdaderos de su arte o profesión, o que se le- arrebaten los tesoros que se han confiado a su custodia y guarda. Y es que toda sociedad y todo individuo tiene derecho (y debe serlo si quiere vivir) a ser intolerante en la aplicación de los estatutos que son esencialmente su razón de ser y en la defensa de sus propios derechos. Y si en estas cosas no se fuera intolerante, no se podría vivir en el mundo, pues faltaría el debido orden social y moral. Así, pues, la Iglesia Católica no puede en mo-do alguno tolerar doctrinas contra la moral y las costumbres, y en esto demuestra ser la depositaría fiel de la verdad.