76 LA VIOLETA ___________ hablaba así y temblando le supliqué se esplica-ra. “María, no podré hacerte feliz, el fuego y la nieve no pueden juntarse; en tu corazón arde la llama divina del amor, y en el mió sólo hay cenizas; no sé que clase de amor te profeso; tu necesitas quién pueda amarte como t* eres capaz de hacerlo, y yo, nada, frialdad esperando tan solo que (¡el hielo brote una chispa de fuego: esperanza vana.” “Aterrada oía. aquel torrente de palabras, y más cuando me dijo: “Olvida todo lo que te he dicho.” “Tu debes comprender, querida Anita, lo que debí sufrir, mi alma desfallecía al peso del dolor (pie la oprimía. ¿Porqué Gerardo tuvo valor para decirme (pie no me amaba?____ En negro manto se envolvió el día; todo, an te mi vista, tomaba formas gigantescas, abrasadoras y reveldes lágrimas resbalaban por mis calenturientas mejillas, y en tristísimo insomnio pasé esa. noche fatal....Los primeros albores de la. mañana disiparon el horrible delirio que sufría, mi abrumada mente, declarándose una liebre intensa (pie me iba consumiendo lentamente; el doctor pronosticó mi muerte, la ciencia médica se declaraba impotente para salvarme....sólo un milagro de quien todo lo puede me volvería á la, vida; el milagro se verificó......la vida vino, y figúrate cual sería mi asombro al saber que pronto sería la esposa de Gerardo. Entre el gozo y el sufrimiento jlasaba los días; él se mostraba amante y tierno unas veces, y otras reservado ó indiferente. rada del naciente día, á otra no menos bella! que entristecida la escuchaba. ■: “Quizá no puedes tu comprenderme querida Anita, prosigió; ponpie hasta ahora no he teni- < do valor para confiarte mis penas; porque tu corazón aun no ha palpitado al impulso del: amor; pero al menos te explicaré, contándote mi historia, la causa de ia profunda tristeza que notas en mí. Como ya sabes, mi venida al mundo costó la vida á la (pie me dio el ser; dicen (pie mi padre, pobre y agobiado bajo el peso del dolor por tan infausto suceso, se afanaba por rodear do comodidades á su pobre huérfana, que con tan triste angorio había venido al mundo. Mi padre tenía una hermana (pie acababa de perder á su esposo, y vino á hacerle compañía, llorando juntos su infortunio. Dios le bahía concedido un hijo, único fruto de aquel matrimonio.....Es imposible contarte fielmente mi pasado: cuando liácia él dirijo la mirada, instintivamente se embarga mi alma por la, más cruel desesperación. “Mis primeros años se deslizaron tranquilamente; me sentía feliz halagada con las tiernas caricias de mi padre (pie, á fuerza de cariño y de cuidados, (pieria, hacerme olvidar la falta de la madre (pierida., de mi madre que era el tipo perfecto de* la. mujer cristiana, religiosa, amante y abnegada; pero Dios, ese mis, terio inpenetrable (pie rije al Universo enteróme vedó gozar del cariño maternal; no obstante, yo era. feliz, porque en la adolescencia, en esa bendita edad en (pie todo sonríe, se aspira siempre á tener con quién departir nuestrosin-lantiles juegos; y Gerardo, el hijo de mi tía, me profesaba un cariño acendrado, poco común ('litre los niños. Llegué á los diez y siete años, á esa edad de las ilusiones, como los poetas dicen, en (pie el mundo se nos presenta bajo un piisma seductor, y más cuando se lleva en (‘1 < amaba, sí, aníaba. con la. inten.sidad del primer amor, amaba, como el corazón humano no puede hacerlo más que una vez en la vida, en lin, abrigaba, una de esas jiasiones abasallado-ras que deciden de nuestra suerte y (pie, á no ser porque nuestra alma se alimenta con la. filosofía de la religión cristiana, fácilmente se descendería hasta el crimen, hasta el suicidio. No puedo decirte si Gerardo me (pieria igualmente (5 nó, porque había en su carácter un defecto muy marcado (pie me hacía sufrir horriblemente; había en él mucha, volubilidad. “Un día ¡Dios mió! nunca podré olvidarlo, noté en los negros y expresivos ojos de Gerardo, una expresión extraña, fascinadora; y cojiendo me una mano me dijo con insegura voz: “¿Verdad que mis ojos son fieles intérpretes del alma? verdad (pie comprendes la lucha horrible que mi corazón mantiene? Te amo María y no sentido ...... quisiera amarte.” Era la prinn ra \xz que me le arrebataba violentamente la existencia “Era una noche tranquila y hermosa del in-conparable Octubre; la luna triste y melancólica se destacaba en el cielo derramando sus pálidos y poéticos rayos; yo contemplaba exta-siada la magestad y hermosura, con (pie se revisten todos los objetos á la opaca claridad de corazón, el germen de una pasión, porque yola reina de la noche; Gerardo me describié) los mil encantos, la. felicidad sin límites (pie juntos gozaríamos, “Mañana se verán por lin realizados nuestros ensueños, sin que haya, querida María, poder humano que nos separe.” Esto dijo entusiasmado, cuando distinguí en un árbol un bulto negro, se movía, luego lanzando un horrible graznido aleteé) sobre nuestras cabe zas; era.ese animal de que te hablé..no sé por (pie me estremecí.....jamás había sido supersticiosa pero hubo la coincidencia de la cruel desdicha que m»tó para siempre mi felicidad... “La iglesia estaba convenientemente arreglada, el sacerdote con sus sagradas vestiduras nos recordaba la sublime misión (pie teníamos que cumplir; Gerardo dió el “sí,” con entusiasmo yo, aliogada la. voz por la emoción apenas pude articularlo; de pronto lo vi palidecer y exhalando un ¡a>y! dí'sgarrador cayó al suelo sin ¡Dios mío! una mortal aneurisma