Febrero-ZOOO-Edición 4 FORO 117 Estrenarán La Ley de Herodes el 18 de febrero los Expedientes Secretos del Cine Mexicano Alejandro Cárdenas Ochoa La ley de Heredes, película mexicana de Luis Estrada, con Damián Alcázar, Isela Vega, Pedro Armendáriz hijo (1999). La ley de Herodes o la corrupción partidaria. Tras la decapitación del alcalde abusivo de San Pedro de los Aguaros en 1949, el basurero ingenuo militante priista Juan Vargas (Damián Alcázar) es elegido por el gobernador Gral. Sánchez (Ernesto Gómez Cruz) y su asistente el Lie. López (Pedro Armendáriz hijo) como presidente municipal sustituto. Mediocre, de buena fé e imbuido por la demagogia del Presidente Alemán, el cretinazo llegará en compañía de su esposa encogida Gloria (Leticia Huijara) a un desolado Rio Escondido para enfrentarse de inmediato a los poderes locales, representados por el doctor cojo panista (Eduardo López Rojas), el cura obeso de vista aún más gorda (Guillermo Gil), la cínica dueña del burdel Doña Lupe (Isela Vega mítica) e incluso el gringo habilitado ingeniero socio Robert (Alex Cox en decadencia), pero, gracias al obsequio de un ejemplar de los códigos estatales, el buenazo fallido aprenderá a extorsionar con coartadas legalistas y, gracias al regalo de una pistola, se aplicará en controlar a Balazos y acribillamientos a sus adversarios, esquilmar campesinos indios y modificar la Constitución por sus tompiates, correr del pueblo a los opositores o exterminados por mero gusto, ensañarse traidoramente con el sicario Tiburón (Jorge Zarate) y el teporocho Filemón (Manuel Poncelis) y el mismísimo secretario López, hasta la linchadora insurrección anónima con antorchas que lo harán trepar a un poste cual palo encebado ante un cielo de incendio, como castigo con premio final a su corrupción insaciable. Con producción del Imcine y libreto en colaboración con Jaime Sanpietro, Vicente Leñero y Fernando León, el cuarto largometraje de excuequenese expulsado Luis Estrada (Bandidos 90, Ambar 92) es una socio-caricatura moralina, un acedo injerto fariseo de Las fuerzas vivas (Alcoriza 75) y El extensionista con redentores prólogo (la multiviolada Constitución usada como arca de tesoros por rapiña) y epílogo antipriísta. una película de tesis y protesta Obviólas, una alegoría megalómana que no se sostiene por ninguna parte, una reducción al absurdo que jamás desmonta el macrofuncionamiento del sistema mexicano pero acaba convocando al eterno retorno de los alcaldes por dedazo, una negación formal de toda estética filmica con fotografía horrenda/verdinegra/sucia/cochambrosa de Norman Christianson y música con retraso mental del Negro Ojeda como Sordiciego Hipólito, un avinagrado cuento volteriano con Cándido metamorfoseando en cómico bobo Manolín de barba partida para mejor partirte tintanescamente la jeta y emular a tu Perrito alter ego Infante, un patético sucedáneo de cine popular que cree elevarse a farsa magna subgüero Castro (morcilleo actualizante, cogida en cámara rápida con tres pirujololitas a lo "Hembra o macho 90, resobado gag conclusivo del asesino ojete vuelto héroe de rebote), una sátira demoledora que aún nada ha logrado demoler (salvo a sí misma y a su censura y a su concepción de big business escandaloso y su posibilidad de ser visto por gente común), un homenaje a Ibargüengoita que además del titulo plagio (o te chingas o te jodes) añora la boberia socarrona de aquel inigualado humor corrosivo, una feria de emblemas/membretes/iconos/ lemas/prendedores del PRI (que emergen por doquier, se subrayan a la hora de los crímenes arteros, o se olvidan sin consecuencias en la barranca-cementerio clandestino), una estridente histérica critica feroz no sólo al alemanismo sino a la institución duradera intemporal del PRI en si y para si, un rabioso desalmado explícito inconcebible exabrupto antipriísta financiado por el propio PRI-Gobierno, una corrupta denuncia de la corrupción, una escama arrancada a la dura piel de la esencia mexicana institucional del S. XX. La ley de Herodes o el fascismo virulento. Una salvajada batetodo, un proceso de envilecimiento autocomplaciente a rabiar, una cabrona homilía anticlerical (ese cura venal voraz solapador con libreta de pecados feligreses para futuros chantajes y codicia de coche Packard), un burdo minitratado del asesinato como método de ascenso al poder nacional (en la línea Huitzilac/Manlio Fabio/Maximino/ Colosio), un forzado aunque sentido desenmascaramiento de la doble moral del PAN (ese doctorcito defensor vehemente de los derechos ciudadanos en el fondo violador de niñas sirvientitas), un rastreo genealógico del PARM (ese generalazo a lo Treviño-Barragán que por mero berrinche se va a fundar el Partido de la Revolución Verdadera), una abyecta fantasía misógina (regodeo en la efigie bovina de la mujer del panista, meada gratuita sobre la tumba de la madrota, esposa emputecida con el gringo so pretexto de aprender inglés y luego bienencadenada por el marido justiciero), un contagio-reedición del síndrome fascista de Canoa (Cazals 73) donde el pueblo vuelve a aparecer como pinche masa amorfa de indios sumisos/manipulados/ linchadores/teporochos/decapitadoresun regusto patológico por el baño de sangre viscosa y el sacríficio/autosacrificio por fuego bíblico, una pieza tardía de falso cine militante en la onda masacrofílica del Rojo amanecer. La ley de Herodes o las definiciones por rebote. Una película maldita instantánea desde el instante mismo de su rodaje y a huevo mediático desde sus idiotas retorcidas tentativas burocráticas de censura, una redefinición vía sainete del conaculto-imeino Tovar-Amerena como el Pendejo del Milenio (asociarse con el autoconfeso pillo de Bandidos Fiims/prohibir/ desprohibir/emberrincharse /exhibir de sopetón para quemar/sabotear funciones/ ceder derechos de exhibición/Sube Pelayo sube). La ley de Herodes o mester de cerdería. Quería hacer realidad los ideales de la Justicia Social y la Modernidad, pero acabó imponiendo el Discurso y la Práctica Significante de la Marranez. Llevaba como tributo al gobernador el marranito de María Candelaria, pero nadie lo peló. Pretendía el control absoluto, pero la lenona lo obliga a revolcarse como uno más de sus marranos. Llenó la presidencia municipal de aves de corral y marranos decomisados como diezmo laico, pero su ambicioso suelo sólo sirvió para recibir al cadáver sonriente del marrano leguleyo López por fin homologado. Y tras enmarranar al pueblaco para dejarlo devastado a sus espaldas, pero premiado con una diputación por el Partido, en su henchido speech dentro del antiguo Congreso de la Unión Varguitas ha- Larissa González Medina “Herodes” v “el Coronel” en Sundance El Festival de Cine de Sundance, donde participan películas de cine independiente en busca de la proyección mundial de sus productos, tuvo fin el 30 de enero del 2000, en Park City, Estados Unidos. En la competencia que tuvo una duración de 11 días, participaron cintas de varios países, México demostró durante el evento, que las producciones nacionales están al nivel de las internacionales, pues JEI Coronel no tiene quién le escriba" del realizador Arturo Ripstein y La Ley de Herodes" de Luis Estrada, empataron en la categoría de la Mejor.Película Latinoamericana. En festivales pasados, «¿Quién diablos es Juliette?» de Carlos Marcovich y «Santitos» de Alejandro Springall, se han hecho acreedores de dicho premio. El filme de Luis Estrada atravesó por varias dificultades, una de ellas fue lacensura del que fue objeto en el Festival de Cine Francés en Acapulco; posteriormente fue exhibida sin el permiso de su autor ni de la compañía productora Bandidos Films, en varias salas del Distrito Federal y retirada sin previo aviso. Sin embargo la cinta ha logrado superar los obstáculos y ha recibido el reconocimiento del público y la crítica. El reconocimiento merecido por ambas cintas mexicanas, demuestra que no sólo la experiencia da frutos, como es el caso de Ripstein, que cuenta con más de veinte pelícuals en su haber; sino la visión, el entusiasmo, la constancia y la capacidad creativa, son elementos que fusionados dan resultados positivos, como es el caso de Luis Estrada. blará pnmero como Salinas (“No engaño a nadie, vengo con las manos llenas de sangre, pero de traidores") y enseguida como Zedillo (“Unos matosos"), hasta culminar amenazante con-el aterrador envío del gran final apoteótico de guillotina escupefuego y vomitapocilgas (“El reto para nuestro Partido es permanecer en el Poder por toda la Eternidad y un Día”). En el reino de tos cerdos, el marrano es rey. Marranada de marranadas: la marranada.