TIEMPO DE B. C. Y SONORA — PAGINA 2 . 1- •- * a-;r; /<:v. ?.# .>.• *<• V'j^vví..-^ ¿'T, tiihfurW Del Arcón Político de Baja California ERA LA ADMINISTRACION MUNICIPAL del Dr. Elp:dio Berlanga (q.e.p.d.) y se desarrollaba un importante cuento polírco- asistía el "Chato" Ramírez Méndez y el. Lie. Fidel Serrano Quezada-eran tiempos del "romanticismo politico del puerto de Ensenada_____________________________________________________tiempos, que han pasado, ya-ni hablar. Curiosidades .“Calumnia, calumnia, que algo queda...” por Oscar F. IGLESIAS Alguien atribuye la frase a Voltaire porque éste la asentó en una de sus cartas a Condorcet, pero lo verdadero es que débese al ingenio de Pedro Agustín Carón de Beaumarchais. quien la inmortalizó en su obra El barbero de Sevilla: “calomniez, calom-niez. il en reste toujours quelque chose”, o sea. calumnia, calumnia, que algo queda. Pero, ya en el terreno de la verdad —que engendra odio, según Terencio— la paternidad corresponde a Francis Bacon, quien en su tratado De la dignidad y progreso de las ciencias, la escribió casi textualmente a la que aplicó Beaumarchais. Sea como fuere, se trata de una evidente verdad: usted calumnie a alguién y aunque después se retrate, la duda persiste; pues bien, calumniados en la historia los hay en muchas de sus páginas: Eurípides, a quien se le atribuía que aborrecía y acusaba a las mujeres; Cleopatra, considerada como mujer fácil, coqueta, liviana, cuando en realidad soportó al calvo y feo Julio César e intentó conquistar al poco grato Augusto, todo en pos tie la salvación e independencia de Egipto; Atila, a quien se juzga como bárbaro e inculto, cuando que había sido educado en Roma; Lucrecia Borgia, la dulce y hermosa hija de Alejandro VI, a la que se le atribuyen actos incestuosos con su padre y con sus hermanos; María, la hija de Enrique V1III y esposa poco complacida de Felipe II, a quien se le liáma “María la Sangrienta", sin tomar en cuenta que sus delitos, en búsqueda de reestablecer el catolicismo, fueron menores, en cantidad y calidad, a los cometidos por su hermanastra Isabel; Juan Pablo Marat, verdadero defensor del pueblo francés, a quien historiadores poco eruditos y nada analizadores denominaron "el carnicero de la Revolución". Y nos faltó uno: Heredes, llamado el Grande, nacido en el año 74 antes de Cristo, hijo de Antipater y gobernador de Galilea, a quien se le atribuye un crimen infame e imperdonable: la matanza de miles de ñiños, cuyas edades fluctuaban entre recién nacidos y los dos años cumplidos. ¡Pobre Herodesj, Flavio Josefo, el historiador judío, lo odiaba; el cristianismo lo aborrece; la’s madres del mundo entero lo abominan; los niños, si es que lo conocen, lo temen; la ■historia, hablamos de la poco histórica, lo execra; solamente algunas personas, las que pronto se cansan de las gracias de los hijos ajenos, lo solicitan y demandan. No fué, en manera alguna, un hombre pío, ejemplar o bondadoso, al contrario, fue cruel'y ambicioso; pero hábil político, y tanto es así, que logró vencer a su rival Antígono, apoderarse de Jerusalem y con ello, y con un poco de servilismo, recibir el reino de Judea de manos del enamorado Marco Antonio. Mas, de eso a infanticida en grande, hay mucha distancia que Heredes nunca salvó, y por esto urge su reivindicación por desgracia para el costumbrismo nacional, y fortuna para el calumniado, el 28 de diciembre, Día de los Santos Inocentes, pasa inadvertido. Antaño era una excelente oportunidad para regalar a la novia o a la mujer pretendida, pequeñas, y en ocasiones diminutas, figurinas, verdaderas filigranas, elaboradas por el arte de nuestros artífices. Además, ¡vaya a saberse por qué!, el ingenuo que prestaba algo en ese día, lo perdía irremisiblemente. Lamentémonos con Cicerón: ¡oh témpora, o mores! —oh tiempos, o costumbres—; pero retornemos a la materia inicial: Heredes. La muerte es la total inactividad, ¿no es así?, es el no hacer; ergo, ¿cómo pudo Herodes asesinar a tantos niños, si murió cuatro años antes del dudoso nacimiento de Jesús? En efecto, a los setenta años de edad, o sea en el año 4 antes de nuestra era, el rey de Judea entregó" su alma, posiblemente a Belcebú, pero la entregó. ¿Quién fue, entonces, el creador de la calumnia?: el evangelista Mateo, quien en su relato, capítulo 2, cuenta: "unos magos vinieron de oriente a Jerusalem, diciendo: ¿dónde está el rey de los judíos que ha nacido. . . Y oyendo esto el rey Herodes se turbó"; más adelante afirma que el monarca pidió a los magos que le indicaran el lugar del nacimiento “para que yo también vaya y le adore"; pero aquéllos fueron avisados por un sueño para que "no volviesen a Herodes y se volvieran a su tierra por otro camino". Y así. Herodes quedó burlado y “se enojó mucho y envio y mató a todos los niños que había en Bethlehem —Belén— y en todos sus términos, de edad de dos años abajo". Hasta aquí el calumnioso cuento de Mateo, pero, ¿por qué jamás se investigó?, Flavio Josefo, Contemporáneo de Herodes y enemigo casi personal de él, no menciona tan nefando crimen; Filón de Alejandría, tiiósofo y verdadero creador,. sin pretenderlo, del cristianismo en su aspecto ideológico, no dedica ni una sola lintel a comentar el infanticidio; el historiaGeOfc romano Cornelio Tácito, nacido cincuen^Jr años luego del crimen, ni se enteró de él; Plutarco, el historiador griego autor de las Vidas paralelas, acucioso, minucioso y detallista, no informa, ni siquiera brevemente. del grave delito. Además, este gravísimo peligro a que el Niño-Jesús estuvo expuesto, ¿por qué no es comentado por Juan, Marcos o Lucas? Supóngase que en nuestros días un gobernante asesina a catorce mil —algunos afirman que cuarenta mil— niños, ¿no habría, aunque para el futuro, un relato de! nefando atentado?.