IL T1KMPV- EL TIEMPO. PERIODICO DEDICADO A LA POLITICA Y PROGRESO DEL PUEBLO NEO-MEXICANO. 1 PRECIOS DE AVISOS. etMI»; «i» perilcularw á pnK'I.H eoi K»io« ableo* nn »e «.le eirá •lio nir. la reiponaabllldad de la ley. IW l.ae •eiLTk'biBM «a rw lblria couiaduen etlauCelne. Lea Cruoe», M. V. VOL. XXL LAS CRUCES. NUEVO MEXICO. SABADO, AGOSTO 2 DE 1902. NUM. 31. COMPLICACION INTERNACIONAL. Acatóle darse el primer cauj|Romplicacion interna-cioRTentre Mexico y Cuba, y lo curioso del hecho es que en el Cendren que intervenir Estados Unidos y Francia. Es el caso que un joven francés, el vixeonde de M. Amedés Ravey. salió de Vera crux por el vapor ‘‘Habana," de la linea Ward, después de haberse raptado á una joven menor de dieciseis aflos. A petición del padre, las autoridades Mexicanas cable-grabaron al Consul de Mexico en la Habana, para conseguir la detención de M.Ravey. Nuestro consul puso el caso en conocimiento del encarga do de negocios de Francia y ambos, se dirigieron al Señor Zaldo, Secretario de Relaciones de Ha República Cubana, el cual prometió que haría cuanto le fuera posible para detener á los fugitivos. En efecto, tan pronto como llegó al puerto el "Habana" pidió * su capitán que los entregara, y este protestó ante el ministro Northamericano. Mr. Squires, que se negó á tomar la menor participación en el caso. El capitán Robertson se vió obligado á entregar á los requeridos. no sin anotar el incidente en el libro de á bordo, protestar en seguida y enviar copia de su protesta á la Le gacíon de Estados Unidos,por que en su concepto los pasa-geros no pueden ser detenidos en un puerto de tráncito. Mr. Squires opina que lo mas practico había sido permitir i los jovenes su viaje hasta New York y aprehenderlos allí en virtud del tratado de extradición entre Mexi- "Las Travesuras de Cupido ante la diplomacia internacio nal —-El Diario del Hogar " siñjórmTr. Ha llegado á Atenas un al deano original de un pueble cito de Atica, que está hacien do objeto de la curiosidad ge neral y especialmente de los hombre- de ciencia. Llámase Nicolás Cousta, es hombre de 50 años, delgado, de constitución débil y tiene cuatro hijos. Una noche, la del 25 de Noviembre de 1897. despertáronle bruscamente los gritos de su esposa, que demandaba la asistencia inmediata de una comadrona. El pobre Nicolás experimentó tan honda conmoción, que tardó en reponerse algunas horas- Después ocupóse toda la noche en cuidar de su esposa. Pero á partir de aquel instante se operó en él profunda transformación. Desde en-tónces hasta ahora no ha po dido volver á dormir ni un minutp. Este insomnio prolongado en nada ha venido á quebrantar su naturalexa. El aldeano heleno no siente deseos de dormir ni el cansancio de la vigilia. Es más; desde el 25 de No viembre de 1891, Cousta no come ni bebe, porque, según él, su estómago se ha parali-xado y no le solicita con los estímulos del apetito. A veces toma un poco de alimento y bebe agua ó cualquier otra cosa, pero sin experimentar la menor satisfacción, pues ha perdido por completo el gusto y todo le liarcce insípido. Otra circunstancia maravi llosa que refiere es que el sus lo ó la emoción de esa noche, le ha hecho invulnerable, en dureciéndose sus huesos hasta según un periódico de Atenas, que Nicolás Cousta padece insomnio c inapetencia. A-hora va á ser sometido á las pruebas de la invulnerabili dad. Por lo pronto se ha pensado en enviarlo á Inglaterra. Alemania y Francia para que las celebridades médicas exáminen este caso patológico.—"El Popular". COMO «E RINDIERON LOS ESPAflOLES EN MaN.LA. En la averiguación que por orden del gobierno americano practica una Comisión del Senado sobre la conducta del Almirante Dewey en Filipi ñas, éste, entre otras cosas muy curiosas, ha dicho lo si guiente, que Ja á conocer la manera como se rindieron los españoles que representaban á la monarquía en la colonia filipina: "El senador Lodge, presidente de la Comisio4>—Les reconoció Usted alguna vex la independencia á los filipinos? Dewey, nunca. Presidente.—¿Dió usted alguna forma de reconocimiento ásu gobierno? Dewey:—,Ni tenia autoridad para hacerlo, ni me pasó por las mientes que aquello era gobierno. Era un galope des-bocado, con actor de crueldad que me desagradan bastante Envié á decir á Aguinaldo 1 que tratase Lien á los prisioneros y él me prometió que asi lo haría. Presidente:—Si se hubiera, permitirlo á los filipinos entrar rn Manila con nuestras tropas ¿que habría sucedido? Dewey.—Cuestión de mera opinion. Generalmente á los soldados les gusta el saqueo. Presidente:—¿Y no se les permitió entrar? Dewey:—Nc. Las autorida-rles españolas lo temían mucho. El gobernador general co y la Union Americana, en tanto que á juicio del Sr. Zaldo, detenerlos, era dar una prueba de amistad hacia Mexico y- de reprocidad, pues que á pedimiento de las auto ridades Cubanas fué aprehendido en Progreso un criminal. Añade el despacho de donde tomamos esta noticia, que el vixeonde Rivey pide in-demnixacion á la Compañía Ward por no haber cumplido su compromiso, y protección al gobierno Frances; que la fuga se efectuó porque los padres de la joven se negaron á autorixar el matrimonio ;que inmediatamente dcipues de que el buque salió de Vera-crux, pidieron al capitán Ro bertson, que los casara, á lo que se negó terminanmente y que otro tanto hixo, á virtud de petición semejante, el encargado de negocios de Eran- Tendremos á nuestros lee el extremo de resistir, sin ex perimentar el más leve dolor, los golpes que le den con una 1 iedra ó con una barra de hierro. Añade que la bala disparada con un revólver se aplastarla en su cuerpo como sobre una espesa lámina de acero, y que la durexa de sus carnes hacen impenetrable al más afilado cuchillo. Termina diciendo: "Yono" soy valiente por naturalexa, y por lo tanto, mi ánimo no es el dar muestra de un valor de que carexco; pero desde esa noche me siento más refracto rio á todo dolor corporal é invulnerable contra los golpes de arma blanca ó los disparos de una arma de fuego. Probad un revólver, tirando sobre mi, y os convencereis de la exactitud de mía ahrmacio nes. Yo permaneceré, entre tanto, impasible, seguro de que los proyectiles no llegarán á herirme." dispuso rendirme la ciudad á mi. Yo daría la señal, acompañada de algunos caflona-xos, y él ixaria la bandera blanca. Pregúntele por qué habría de disparar yo si no era necesario, y él me respon dió que su honor lo exigía Asi, tuve que matar unos cuantos pobres por el honor