El Mensajero Juvenil 11 10 j i El Mensajero Juvenil Sesión Especial—La Humildad Proverbios 22. Por la Srita. L. M. Weatherford (De la U. B. de J. de El Paso, Texas) Mayo 17, 1925. WmT >ATra r > i r r)yx.. LECTURAS DIARIAS Lun. Mayo 11. Los Mandamientos. Deut. 5:1-22. Clave: v's. 6 y 7. Mar. Mayo 12. El Gran Mandamiento. Deut. 6:1-15. Clave: Ver. 5. Miér. Mayo 13. La Benignidad de Dios. Deut. 8:1-18. Clave: Ver. 18. Jue. Mayo 14. Dos Historias. Deut. 9:10-21. Clave: Ver. 16. Vier. Mayo 15. Estudiar la Ley. Deut. 11:13-25. Clave: Ver. 18. Sáb. Mayo 16. Otros Dioses. Deut. 13:f-ll. Clave: Ver. 4. -------o------- Introducción. He escogido como mi tema la humildad, y me parece que es un tema adecuado en todo tiempo y debíamos preocuparnos en ello más, puesto que es una virtud que pocos tenemos y que tanto recomienda Cristo. ,1. Definición. Tenemos en el Evangelio de San Mateo Cap. 10, Ver. 16, estas palabras de Cristo: “sed pues prudentes como serpientes, y humildes como palomas/’ En efecto: la humildad es y tiene que ser por precisión, el signo distintivo de los discípulos o hijos de Jesucristo. La humildad no es una virtud de consejo, ni es solamente una virtud de precepto; sino que es una virtud esencialísima en el cristiano, de tal manera que sin ella no se concibe un discípulo del Salvador, como no se concibe a Cristo sin el amor. La humildad constituye la verdadera profesión del cristianismo; es una virtud indispensable para ser buenos cristianos: la humildad es el amor, la base, el fundamento, el cimiento de toda la vida cristiana. Sin ella no hay virtudes: habrá apariencias de virtud y algunas obras de virtud, pe ro no habrá virtud verdadera. La humildad no es puramente una virtud que se nos aconseja tener, o que se nos mande practiquemos, sino una virtud que constituye la condición o profesión cristiana, de tal manera que así como no podemos ser cristianos sin tener fe, no podemos ser buenos cristianos sin la humildad; y estas dos virtudes se hallan tan unidas y como identificadas, que la misma fe supone y significa humildad en el que somete su juicio a la Palabra de Dios. Sin humildad no hay fe. sin humildad no hay amor, sin humilcad no hay, propiamente hablando, profesión cristiana. 2. Aprender la Humildad. “......aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón,” dijo el Señor en otra ocasión: aprended de mí.... pero ¿qué habían de aprender? ¿Por ventura a criar los ciclos y la tierra? ¿A mandar a las tempestades y a señalar términos al mar? ¿A pintar con tan variados matices las flores, y a dirigir y gobernar con tanta habilidad el curso de los astros? ¿A profetizar y a hacer milagros? ¿A trastornar las leyes de la naturaleza? ¿A dar vista a los ciegos y a sacar vivos del sepulcro a los muertos? No; no era desde ese punto de vista por donde quería Jesucristo le considerasen sus discípulos como modelo; sino en cuanto a la humildad y mansedunfbre de corazón. “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón.” Lo cual equivalía a decir: “No he venido a curar los males de ese grande enfermo que se llama el mundo, con discursos, ni con profecías, ni con milagros, ni con omnipotencia, ni con majestad, sino con humildad en mi corazón y con mansedumbre en mi espíritu. No he venido a vencer al demonio arrancando de sus manos con ira aquel árbol frondoso y de agradable vista de que se apoderó en el Paraíso, sino poniendo sobre mis hombros el árbol ignominioso de la cruz con todas las iniquidades del mundo, y humillándome hasta parecer el más grande pecador, no siéndole ni pudiendo serlo. No vengo a arrojar del mundo al padre de las tinieblas mostrándome con todo aquel poder y soberano dominio que hicieron salir del caos una creación maravillosa, sino a realizar una segunda creación aun más admirable que la primera, presentándome como el hombre más despreciable, y hasta digno de compasión y lástima.” No nos ha de preguntar Jesucristo cuántos milagros hemos hecho, cuántos discí-)ulos hemos tenido, cuántos libros lemos escrito, ni cuántos discursos lemos pronunciado; sino que únicamente si hemos aprovechado la lección que nos dió su profunda humildad, enseñándonos de este modo que en ser humildes era en lo que le habíamos de imitar, porque la humildad es el amor, y abraza en sí todo el cristianismo. 3. La Humildad de Cristo. Toda la vida de Jesucristo había sido, en efecto, una vida de humildad. En la humilde Nazareth es concebido; en la humilde Belén nace; una madre humilde le da a luz; humildes pastores le ven los primeros; humildes y rústicos apóstoles escoge por ministros; pobres y humildes hombres toma por discípulos; humildes niños llama bondadosamente hacia él; humildes y hambrientas turbas alimenta obrando milagros; y, por último, muere rodeado de tanta humildad, que no tiene con qué cubrir sus carnes en la cruz, ni fieles discípulos que no huyan, ni otros compañeros que dos famosos ladrones. La humildad es la virtud que, a todas horas, y en todas ocasiones, inculca Jesucristo en el ánimo de sus discípulos y oyentes. A aquellos discípulos, cuya madre pedía fuesen colocados uno a la diestra y otro a la siniestra mano del Salvador, les preguntó Jesús, si podrían beber el cáliz que él tenía que agotar, es decir el cáliz de la pasión y por consiguiente de la humildad; porque es condición indispensable el humillarse mucho antes de ser ensalzado mucho. 4. Nuestra Errónea Actitud. Sí, muy altos son los puestos que apetecemos y buscamos; sin embar go, dice el Señor, ¿podéis beber el cáliz que yo he de beber? ¿Podéis humillaros tanto como yo he de humillarme? ¿Podéis confundiros tanto como yo he de confundirme? Pues faltándoos fuerzas para la humillación, no podéis aspirar al verdadero engrandecimiento. No; no sabemos lo que pedimos. Para subir mucho es preciso rebajarse mucho. Si el Unigénito Hijo de Dios, el Rey de reyes, no consideró que se rebajaba con desempeñar la ocupación más humilde de un criado, nada hay que sus discípulos deban creer degradante. No hay pecado que sea tan ofensivo a Dios y tan perjudicial al alma que el vicio opuesto a la virtud dp la humildad que es el orgullo, la soberbia, motivo de tantos fracasos. Examinemos bien la historia y notaremos