58 LA VIOLETA. dejarlo .salir lo obligan á ayunar y comer de vijilia. ¡Ah, mí hermano! hermano mío! . . . .¿cuando me traerás ese tan codiciado dinero para poder salir de aquí . . . .porque luego, cuando puesto uno a prueba no Ic pueden sacar nada de lo que ellos se han forjado en sus delirios, le dan su retiro á corridas y lo plantan de -jííititas donde hacen cruz dos calles, y—Ahora, amigo, va V. desterrado—le dicen tiene V. veinte y cuatro horas y .... ¡Cuidado! . ¡Oh mi deseado hermano!... .yo no tengo disponible para mi viaje, más que un estómago vacío, una maleta de hambre y miseria, y mis bol sillos repletos de aire y más aire. ¡Cuán amargos siento estos instan- | tes de mi vida! Creí cuando joven encontrar en la guerra los laureles de la gloria que más tarde debían coro nar mi frente; ayer, cuando mi pecho rebozaba de entusiasmo suspiraba por la patria y me lance á la lucha | contra los enemigos, creyendo que se premiarían mis afanes, pero ¡ah! padezco porque en este mundo que se confunde el patriota con el patriotero, se ve uno víctima de las injus -acias y se le recompensíi con el des-)recio, la persecución, hasta arrojársele .i una condición que no sabe ni a' quien volver la cara. Paciencia, no me queda más recurso que trabajar, y unirme á mi fami lia, mi esposa y mis hijos que los he condenado á sempiterno abandono, no, corramos á su lado; ahí disfrutaré de las apacibles dulzuras del hogar, y encontraré la paz y esa tranquilidad que en vano he buscado por tanto tiempo. Pero entretanto... nó pierdo la esperanza, quizá como esos seres queridos me conservan un recuerdo de amor, así la patria me guarde el premio de la buena recompensa que por mis servicios merezca. Así reflecciónaba un pobre deste rrado, si acaso pueden llamarse rc-flecciones á los delirios de los oficia les retirados violentamente y que se encuentran con la imajinación excitada por una dieta rigurosa. Maria (iarsa Gonsales. UH4 FLO^ — A— MARGARITA EN SU DÍA. Esta Margarita hermosíi En la pradera escogí, La mas bella y primorosa Para ofrecértela á tí. En su tallo se mecía Al cantar del ruiseñor, Mostrando á la luz del día Sn hermosura y su esplendor, Y cuando así se ostentaba Con sus gracias sin igual, Pensé que por tí exalaba Su perfume celestial. Recíbela, Margarita; Pdla expresa la emoción, Con que hoy sin cesar su agita De gozo mi corazón. Y si tu placer de niño I£sta flor aumenta más. Pensé que tu cariño Nunca de mi apartarás Permita el cicle piadoso Que vivas llena de amor, Y que te aduermas Je gozo De tu fiesta entre el rumor. Monterrey, Febrero 22 de 1874. Antonia C. Kt yes v /\eve.s HORAS DE AMARGURA. ¿Por qué venís, horas eternas)de amargura, á arrebatar en capulld la flor bendita de mis esperanzas? ¿ iror