bien pintándole en cierta ocasión con un verde ultrajante. Todo lo soportó sin murmurar, según contaba el guardián del monumento, anciano soldado venerable que entretenía sus ocios y llenaba sus bolsillos vendiendo a los touristas bala» auténticas recogidas en el campo de batalla y manufacturadas por su estimable familia, y no precisamente en 1814. Hermosa paciencia altamente loable en el Rey de los animales, y que no merecía el pago que los alemanes le han dado al convertirle recientemente en carne de cañón. Mme. Vander-velde. la esposa del Ministro de Estado belga, ha manifestado en un meeting, presidido nada menos que por la Duquesa de Wellington, que una Señora de su amistad quien había logrado salir de Bruselas última mente, manifestóle—haber personalmente visto—que lus alemanes desmontaron el histórico león; enterándose después de que había sido destinado, al cabo de un siglo de gloriosa vida, a ser fundido para fabricación de obuses. ¡Hay predestinaciones! xxx El otro día un oficial belga recien llegado a Londres penetró en un esta Mecimiento popular de té. Llevaba pendiente del hombro derecho su bolsa de campaña, y parecía recién llegado a Ingleterra. Tomó cuidadosamente algo que pendía de su brazo y lo colocó sobre una silla. ¡ Era un casco alemán!! Tranquilamente se dedicó a comer pastelillos y a beber té. A su alrededor mujeres elegantísimas, ataviadas con ricas toilettes «daban una nota de distinción al espacioso y bellísimo Hall. Entre las mesas, las meseras llevando de aquí para allá azucarados pastelillos, y en el cen- De aquí y de alia tro de este cuadro, el hombre extraño. el guerrero con la triste reliquia a su lado. ¡Qué asunto para un poeta! La gente, sin embargo pide aún algo novelesco; pide que retornen los días de Ricardo Corazón de León, mientras que a pocas horas de nosotros, y a cada instante, se registran hechos nobles los unos, espantosos los otros, cual ninguno de aquellos contemplados por la Edad Media. El espíritu de las Cruzadas vive aún hoy en día. y entre la infinidad de gente extraña que la guerra envía a playas inglesas, pocos habrá como este tipo de soldado belga que colocó el casco de su enemigo sobre una silla de un establecimiento de té. XXX Las agencia* de turismo han encontrado nuevos centros de atracción: los campos de batalla. Waterloo ha producido ya todas las emociones y to dos los beneficios pecuniarios que puede producir un monumento histórico: pero en Waterloo los viajeros a la moderna, los que vagan por el mundo en busca de secaciones ultra-terrenales, no hallaban ya esos escalofríos que puede producir un pa norama macabro. Las calaveras, convertidas en polvo por los años, las había barrido el viento a otras tierras: las manchas de sangre de los com batientes se iiab: csínmado. no quedaban más que praderas tiernas y apacibles en que recrear la vista Pero irnos cuantos hlazés propusieron a ¡as agencias de turismo que establecieran viajes de "recreo* *a los cam pos * de batalla de Flandes. 'idea que los comercialistas no titebearon en aceptar. Naturalmente los Gobiernos, aún embotados por el huia-.j y eHue- go de la guerra barbárica, han dado muetsras de cordura prohibiendo tales espectáculos, que hubieran hecho de los campos de Flandes un grandioso coliseo donde las bestia!» humanas jugarían a la guerra para satisfacer la sanguinolenta curiosidad de los turistas a la moderna. XXX El distinguido escritor belga Monsieur Henri Davignon. acaba de publicar en francés un interesantísimo libro que denomina ** Bélgica y .Alemania.—Texto y documentos/’ Después de un prólogo admirablemente escrito, condensa el autor todo el objeto de su laboriosa recopilación en la frase de Monsieur Paul Hymans. actual Ministro de Bélgica en Londres: "La Belgique, fiére el confiante. s offre au juguement de l’Uni-vers.*’ Las 122 páginas de libro, con» tituyen una mesurada, pero formida ble requisitoria, apoyada por numerosas fotografías tomadas en Lovainx, Malinas. Lieja. Dinant, Tremondc» etc., etc., por listos por menorizadas de las víctimas, por declaraciones testimoniales. por las proclamas de las autoridades belgas, por las proclamas de las autoridades alemanas y por cartas de origen alemán que obran en poder de las autoridades de los países aliados: y por un gran número de otros documentos. Tiene la publicación 67 ilustraciones, y darán idea de su importancia histórica sus cinco grande# capitulo*, que «-e^ denominan: “Bélgica ante la Historia." "Bélgica ante la Invasión." "Alemania y las leyes de la Guerra," "Las Confe siones de los Jefes y Soldados" y "Bajo el Yugo." Tenemos entendido que está actualmente imprimiéndose la versión española.