I í El Mensajero Juvenil en dos sociedades: la primera en Godoy Cruz y la segunda en Mendoza, con dos grupos cada una. Nuestra S. de J. de Godoy Cruz esta organizada casi conforme por completo al Modelo de Excelencia; digo casi, porque sólo nos falta un punto para ser “A-l” (es decir, perfecto), y este punto nos falta por un descuido (hasta cierto punto perdonable) de parte de los presidentes de las comisiones (1). En cuanto a la marcha de la S. de J. B., puedo decir que es muy buena. Desarrollamos los programas según el plan de grupos, contando con buenos capitanes, y seguimos el curso sistemático de lecturas diarias de la Biblia, dirigido este año_ por la señora de Fowler y la señorita Wofford. Todo esto nos ayuda a desarrollarnos en la vida cristiana y a aprender a hablar en público. Cada semana de 5 a 8 diferentes i* Grupo de obreras activas de la Clase de Intermedias de la Escuela Don» nical, de la Primera iglesia Bautista Mexicana de Los Angeles, California. X La maestra: Srita. Celia Córdova. jóvenes toman parte en el programa, para lo que se usa la revista ‘ EL MENSAJERO JUVENIL.” De este modo todos los jóvenes de la Sociedad toman parte activa en las reuniones. Podemos decir, en cuanto a resultados, que son excelentes. La mayoría de los jóvenes pueden ya presentarse bien en público, tomando la palabra. y están listos para cualquier ctra forma de cooperación con la iglesia. Es mi deseo que todas las Sociedades de Jóvenes sean grandemente bendecidas, y que en la próxima Convención podamos reunirnos para hablar de la gran obra que el Seijor ha encomendado a los jóvenes argentinos, uruguayos y paraguayos en este nuestro campo. A El sea toda la gloria. Juan de D. Garay. (De “El Expositor Bautista). El Mensajero Juvenil 3 Sesión Devocional—¿Por qué Asistir al Templo? (Salmo 100; Salmo 122.) Diciembre 6, 1925. LECTURAS diarias Lun. Nov. 30. El Prólogo de Juan. Juan 1:1-18. Clave: V. 1. Mar. Die. 1. Los Primeros Discípulos. Juan 1:35-51. Clave: V. 46. Miér. Die. 2. El Primer Milagro. Juan 2:1-11. Clave: V. 5. Jue. Die. 3. Nicodemo. Juan 3:1-21. Clave V. 16. Vier. Die. 4. La Samaritana. Juan 4: I-26- Clave: V. 15. Sáb. Die. 5. Campos Blancos. Juan 4:27-42. Clave: V. 35. -------o------- Introducción. Muchas personas, cuando se les excita a que concurran a los cultos porque se ha notado su resfriamiento en su asistencia a ellos, alegan que el hecho de que no se reúnan con nosotros no quiere decir, de ninguna manera, que han dejado de ser cristianos, o en otras palabras, que* para ser cristiano no se necesita cultivar el hábito de asistir a los cultos. Convenimos con tales personas en que 4a asistencia a los cultos no salva, y que en efecto se puede ser cristiano sin reunirse necesariamente con los demás cristianos para el culto; pero vamos a estudiar el por qué, como cristianos, tenemos el deber de cultivar en nuestra vida el hábito de asistir con regularidad a los servicios de nuestras iglesias. 1. El Espíritu de Nuestros Pasajes Bíblicos. El Salmo 100 es un salmo de alabanza o de acción de gracias y rebosa júbilo, pues no se encuentra en él, ni una sola nota de tristeza, ni uno solo de los lamentos que son comunes en otros salmos. Desde el primer versículo hasta el último se alaba a Dios y se convoca a toda la humanidad para que sea unánime en la alabanza. Por el sentido del versículo 4 se cree que se escribió para ser cantado por una multitud en marcha al interior del templo. El carácter del Salmo 122 es un poco distinto aunque en el fondo está relacionado estrechamente con el anterior. Habla del gozo que experimentaban los que iban a la casa de Dios. Jerusalem se había edificado como una ciudad, tanto en lo material como en lo espiritual, pues parece que después de que fué llevada el arca allí, las tribus principiaron a concurrir unidas al culto. 2. El Lugar del Culto Público en el Antiguo y en el Nuevo Testamentos. La Biblia nos enseña que los antiguos judíos consideraban como un deber impresindible reunirse en el templo. Esta obligación les fué revelada por el mismo Dios, quien enseñó a su pueblo que el culto congrega-cional era una parte del plan divino para el desarrollo de Israel. A todos nos consta que además de las reuniones regulares del pueblo para el culto, Dios instituyó grandes fiestas, probablemente con el objeto de reanimar el ánimo de los israelitas y sostener siemnre el espíritu propio para la adoración y la alabanza. También sabemos que los judíos de los tiempos novotestamentarios eran fanáticos en la asistencia a la sinagoga. Más todavía, Cristo mismo nos puso el ejemplo, pues siempre que se llegaba el sábado, buscaba las sinagogas para reunirse junto con los demás que deseaban tributar su homenaje de alabanza y gratitud a Dios. Los apóstoles hicieron otro tanto y no pasó mucho tiempo sin que se formaran núcleos de cristianos que celebraban aparte sus cultos. Pablo exhortó a los cristianos primitivos diciéndoles: “No dejando nuestra congregación, como algunos tienen por costumbre.” Podemos decir, en una palabra, que los cristianos verdaderamente fieles de todas las edades, han alimentado siempre, de una manera inquebrantable, el hábito de congregarse para el culto, lo cual hace verdaderamente fructífera la vida cristiana. 3. Nuestro Deber de Reunirnos Para el Culto. El Salmo 100 nos dice que nuestros corazones deben estar llenos de