22 El Mensajero Juvenil El Mensajero Juvenil 23 El rey se arregló con ellos por cierta cantidad y les señaló el trabajo que debían hacer. —Aqlií tenéis un cesto y dos cubos. Vamos a aquel pozo. Se trata de sacar el agua del pozo y echarla en ese cesto. Y añadió antes de retirarse: Yo volveré a la tarde para ver cómo habéis hecho el trabajo. Cuando el rey se marchó ambos hombres pusieron manos a la obra. Pero después de haber sacado algunos cubos de agua, uno de ellos dijo al otro: —¿Y vamos a seguir así hasta la noche? Queriendo llenar inútilmente este cesto de mimbres, parecemos dos tontos. El otro respondió: —¿A mí que me importa eso? Se nos paga para que hagamos este trabajo, y nuestro deber es hacer lo que se nos ha mandado. —No puede ser—prosiguió el primero.—El rey no debía querer que yo emplease el tiempo en una ocupación tan tonta. El rey se está burlando de nosotros. Vergüenza me da pensarlo. Seríamos la irrisión de todos, si alguien nos viese. Y dejando su cubo, se fué. El otro continuó vaciando cubo tras cubo de agua en el cesto, que, naturalmente, quedaba siempre vacío. Al caer de la tarde llegó a tocar con el cubo la arena del fondo del pozo. Y ¿qué vió allí brillando entre algunas piedras ordinarias? Una joya de gran precio. —¡Ah!—se dijo entonces.—Ahora comprendo por qué había que echar agua en el cesto. Era para que la joya no se nerdiera si salía en un cubo de agua sin que yo la viera. Poco después llegó el rey. —Te felicito por tu obediencia perfecta,—le dijo. Has sido fiel en el trabajo que te encomendé. Aunque te fuese incomprensible la razón del trabajo, supiste hacer la voluntad de tu rey. Desde hoy gozarás de mi confianza y estarás siempre a mi lado como servidor fiel. Aprendamos a obedecer a Dios, aunque no siempie comprendamos sus designios. El sabe dónde están las joyas y cómo sacarlas de las profundidades donde yacen cubiertas. Amelia Reymond. BONDAD DIVINA “Dios es amor?’ ¿Qué es el espacio? ¿El espacio en que ruedan los mundos y soles que alcanzan a ver nuestros ojos en una noche obscura y de cielo despejado? ¿Aun el espacio poblado por soles y mundos que están lejos, muy lejos de los límites hasta donde pueda llegar la potencia del telescopio más poderoso de nuestro tiempo? Decidme, sabios, ¿qué dimensiones tiene ese espacio que lo comprende todo y el que nuestro átomo-mundo recorre sin pasar dos veces por el mismo punto, desde que tuvo su origen; y lo mismo los demás astros visibles e invisibles? ¡ La mente del hombre se siente desvanecer cuando en ese infinito piensa, y el alma se siente sumergida en la noche de la demencia cuando pretende sondear esas profundidades que sólo la mente del Creador conoce! Sin embargo, si no podemos medir el espacio absoluto, nos ha sido dada la facultad de medir el espacio relativo. Así sabemos la dimensión de una molécula, como el espacio de mundo a mundo. ¡Potencia del espacio de molécula a molécula, como el espacio de mundo a mundo. ¡Potencia de la mente del hombre! ¿Quién puede medir la grandeza del amor de Dios? ¿Quién puede profundizar la bondad de su corazón? “He aquí que los cielos de los cielos, no te comprenden,” dice Salomón. “Jehová fuerte, misericordioso y piadoso: luengo para la ira y grande en misericordia y verdad. Que guarda la misericordia en millones.” Exodo 34:6-7. Si al hombre no le es dado el poder comprender el amor absoluto de Dios, le es posible conocer y disfrutar de ese amor en las cosas grandes y pequeñas. “Por que el amor es de Dios.” L. Viti. -------O------7 Una Costumbre Religiosa.— “En los conventos griegos y en la corte rusa se observaba el lavamiento de los pies con mucha solemnidad. En la corte papal, en las de Viena, Munich, Madrid, Lisboa, y en las catedrales y conventos de la iglesia Ca-tólica-romana se cumple literalmente este mandato hasta el día de hoy, ol papa, emperador o rey lavando los pies de doce personas, generalmente ancianos pobres, que reciben en la ocasión una pequeña gratificación. En Roma, los doce representantes de los apóstoles se sientan en la Capilla Clementina, vestidos de túnicos de lana blanca, y el papa, vestido de la misma manera, rocía unas cuantas gotas de agua sobre el pie derecho de cada uno, y después los limpia y los besa. En seguida toman alimentos, el papa y su gabinete sirviendo a los doce, los cuales, terminada la comida, llevan sur túnicos blancos, las toallas, y además una moneda de poco valor.” Ejemplo de Servicio Humilde.— El Sr. J. S. Cheavens escribió lo siguiente hace años: “El que esto escribe recuerda bien un incidente que tuvo lugar durante su vida de estudiante. Había yo salido a predicar en una iglesia rural, y en el camino me atacó fuertemente la influenza. Fué necesario que regresara al colegio. Era tiempo de vacaciones de invierno y muy pocos compañeros se encontraban en el dormitorio. Con todo el cuerpo doliente y con una calentura que me quemaba, subí la colina sobre la cual está el dormitorio. En un solo cuarto pude divisar una luz. Tocando a la puerta, me la abrió Juan W. Lowe, ahora misionero en la Gran China. Viendo él que estaba yo muy enfermo, comenzó a curarme. Preparó la cama y poniendo un lavamanos lleno de agua caliente, empezó a lavarme los pies. Acabando esto, me hizo acostar, y luego llamó al médico. Aprendí en aquella hora lo que Cristo quiso enseñar cuando dijo: ‘Vosotros también debéis lavar los pies los unos a los otros.* ** ¿Ee Ordenanza Cristiana el Lavamiento de los Pies?—Dice el Dr. J. G. Chastain, en El Expositor del año 1908, lo siguiente que es de mucho interés: “¿Intentó Cristo ordenar aquí que el lavatorio de los pies quedaría como una ordenanza cristiana, como el bautismo y la cena del Señor? Yo creo que no, y me baso en los siguientes argumentos: 1. Los otros evangelistas, que hablan cada uno de las dos ordenanzas del bautismo y de la cena, no hacen ninguna referencia al lavatorio de los pies. 2. Tampoco se hace mención del asunto en los Actos. 3. En todas sus epístolas, San Pablo alude al acto una sola vez (1 Tim. 5:10), y en este caso como un acto de hospitalidad, y no como un rito- religioso. 4. Durante la edad apostólica no había rasgo de este acto empleado como una ordenanza de la iglesia. Hasta el cuarto siglo después de Cristo se basó sobre este acontecimiento una ordenanza cristiana. 5. La observancia de las dos ordenanzas ya mencionadas van acompañadas de una promesa especial, mientras que en el caso del lavatorio, no. 6. La inmersión y la cena del Señor sirven como lecciones objetivas, enseñando lecciones importantísimas para aclarar la muerte, resurrección y misión de Cristo; mientras que en el lavamiento de los pies, no hay nada de esto. El l^var los pies que no necesitan lavarse muestra, no un espíritu de servicio, sino de vana ostentación. Cuando en el jueves de la Semana Santa en Roma, el Papa, en la presencia de la aristocracia, lava los pies de doce viejos pobres, que ya se habían lavado y preparado para la ocasión, no hace lo que Cristo enseñó; su acto es más bien una farsa.*' Pensamientos Escogidos.—“La humildad es ‘aquel hábito de mente por el cual no tenemos más alto concepto de nosotros mismos que el que debemos tener.”—Currie. “Bienaventurados mil veces los que imitan el ejemplo bendito de Cristo, especialmente su humildad, condescendencia y dulzura: creen sus declaraciones y obedecen sus mandamientos. Sant. 1:25.”—N. T. con Notas. “¡Señor, vos, que sois el Hijo único del Dios vivo, y el Señor y dueño de todo el mundo, vos me lavaréis a mí los pies, que soy un grande pecador y una hormiga de la tierra.”— S. Agustín. “Si llegáis a entender esta verdad: esto es, la necesidad que tiene el hombre de humillarse y con este conocimiento os ejercitareis en esta virtud, que tanto os recomiendo, seréis bienaventurados.”—Scío de San Miguel. “La humildad es una doctrina peculiar del cristianismo. La bondad es apreciada y enseñada por todas las religiones. Pero el ser bueno y al mismo tiempo comprender que