26 El Mensajero Juvenil ________________________ EN DIOS y en EL ha puesto su confianza, la industria ha alcanzado desarrollo tan fenomenal que el mundo incrédulo boquiabierto y estupefacto no se explica cómo puede su semejante llevar a cabo obras que él no puede ni siquiera intentar. El inventor que con FE EN DIOS se ha pasado meses y aun años enteros meditando y aun ayunando, ora por penuria, ora por su propia consagración al trabajo, ha alcanzado a inventar máquinas tan maravillosas que nadie hubiera soñado en su posible advenimiento. Es la llama de la fe la que alienta al científico que, encerrado en su estudio, se pasa la vida tratando de descubrir éste o aquel punto en la ciencia que dejó su predecesor sin descubrir y que él heredó con más gusto que el que experimenta el insensato cuando le dan la nueva de que ha heredado un millón de pesos. Cuántos años sustentó la fe las nobles ideas que acariciaron Franklin, Newton, Bell, Fulton, Morse, Edison, Marconi y toda esa pléyade de titanes que, no por dejar de ser casuística su labor, dejó de ser hija de la fe su tenacidad y constancia. Para hombres como éstos jamás hubo obstáculo superior a su fe y sobreponiéndose a todas las dificultades permanecieron fieles a su ideal hasta que vieron coronados sus es fuerzos con la más hermosa realidad. Gracias a la fe de estos hombres el rayo es hoy nuestro siervo y tan mueve la pesada máquina como ilumina la espaciosa estancia. Es nuestro mensajero que cruza los aires en todas direcciones llevando o trayendo mensajes para el hombre. Gracias a la fe de estos hombres hemos triunfado de las olas, nos burlamos de su furia y las hacemos soportar las más pesadas cargas. Hurgamos en el fondo de los mares y los cetáceos más temibles no osan aproximarse a tan atrevidos conquistadores de las aguas. Las distancias se han acortado, los mares son meros charcos y las regiones siderales han tenido que acceder a nuestra fe y constancia, tendiendo ante nuestra vista sus encantos escondidos, sus bellezas ignoradas. Los aires no son ya del dominio exclusivo de las aves. Ni el cóndor ni el águila pueden ya sostener su supremacía del espacio, el hombre les ha arrebatado ese dominio. Amados hermanos, nuestro Señor Jesucristo dice: “Si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: pásate de aquí allá y se pasará y nada os será imposible.” Mat. 17:20; pero- también debemos tener paciencia y confianza en Dios como David cuando dijo: JEHOVA ES MI PASTOR; NO ME FALTARA. Eusebio Ríos. El Mensajero Juvenil RELATO BREVE DE LA CONVERSION DE SAULO. La conversión de Saulo de Tarso, aquel terrible azote y encarnizado perseguidor de la Iglesia de Cristo es una de las más notables que se registraron en la palabra de Dios. Saulo encaminábase lleno de gozo como quien va a hacer una obra de caridad a Damasco, llevando en su cerebro la terrible idea de martirizar y asesinar de la manera más despiadada que pudiera a los fiejes servidores del Señor que encontrara, cegado por el celo por su religión creyendo honrar de esta manera a su Dios. Sin embargo, el tiempo para su conversión había llegado y sus planes satánicos se vinieron abajo de una manera súbita, pues Cristo, quien nunca desampara a sus hijos quiso poner un hasta aquí a la vida equívoca de aquel hombre, y en el camino y quizá en el preciso momento en que pensaba la manera más cruel de llevar a cabo sus planes malvados, lo cegó un resplandor de e> .af»/4). ' 4 '44*' II * 27 luz vivísima celestial e irresistible, al mismo tiempo que oía de boca del Señor estas palabras: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? dura cosa te es dar coces contra el aguijón.” Como Saulo era un hombre de claro entendimiento, estas palabras no fueron desatendidas por él, sino que por el contrario se le grabaron en su corazón y con voz triste y arrepentida viendo el poder de Dios manifestado de una manera tan clara, contestó: “¿Qué quieres que yo haga?” Esta es a grandes rasgos la historia de la conversión de Saulo quien después se llamó Pablo y que desempeñó un importantísimo papel en el apostolado del Señor, pudiendo decir al fin con toda sinceridad: “He peleado la buena batalla; acabado he mi carrera, he guardado la fe.” Leopoldo Barrera. Monterrey, septiembre 30 de 1923.