12 y los grandes rentistas^ pero si “hacemos números”, no tardareinos en darnos cuenta, también en este caso, de cue los resultados que se obtendrían en favor de las grandes masas de población serían poco menos que ridículos. , , . De lo expuesto se deduce que no ha, de llegarse a un nivel razonablemente elevado de la vida de las masas ■por el camino de una mera redistribución de la riqueza V de las rentas existentes. Lo que hay para distr huir sim plemente no basta para com nrar las comodidades a que se aspira. No pasaríamos, j uzgando op!timísticam> e n e los posibles resultados, de añadir unos cuantos cientos de pesos a los ingresos anuales de ln enorme mayoría de las familias qve forman la nación. _ Si hemos de ver realizad^ la aspiración de que cada, uno de los habitantes de un país disfrute de condiciones de vida satisfactorias, lo que se impone, ante todo, es aumen tar progresivamente la suma total de las rentas susceptibles de distribución. La distribución anual de dichas rentas resulta de pn-mordial importancia, no por sus efectos monetarios sobre el bienestar de las masas, si no por sus posibles efectos^ acumuladores sobre el tomen, to de un aprovechamiento más completo de la capacidad productiva y el consiguiente . progresivo aumento de la suma total de las, rentes ^disponibles para distribución. No querernos una situación estacionaria en que el total de las rentas rssulte inadecuado al pt opósito que se persigue: aspiramos a una situación dinámica en que haya a disposición de cada persona crecientcís cantidades de mercancías y servicios de nueva producción. Y ¿cómo se crean nuevas SALTILLO COMERCIAL rentas? ¿Cómo s? distribuyen? Al hablar-de rentas na turalmente nos hallamos inclinados a pensar en valores apreciados en moneda *. salarios, intereses, utilidades, cuotas, etc. Con todo, esta apreciación en valores monetarios no es definitiva. La última palabra la tienen los géneros y los, servicios que, pueden adquirirse con el dinero percibvdo: comestibles, ropa, alojamiento, diversiones, etc. La verdadera renta ia constituyen, pues, las rosas que satisfacen nuestras necesidades o nuestros deseos. Con frecuencia se confunde la suma nercibida en numerario—poder de compra— con la renta real apreciada en mercancías y servicios. Dei ahí que se suponga que se crean mejores condiciones de vida para la generalidad con aumentar el caudal de moneda circulante. Mas si r? flexionamos un momento comprenderemos que con percibir una suma mayor de dinero n,o logramos ventaja alguna, si tal aumento no vie ne acompañado del correspondiente aumento en la^ exis tencia total de mercancías y servicios. Una creciente^ pro-duccfón, por consiguiente, resulta fundamental. Durante los últimos 200 años se ha observado un notable mejoramtonto de las^ condiciones generales de vida. De hecho. e¡ pueblo de nuestros días vive ^n un plano comnarable al de la ^ente relativamente acomodada de pasadas generaciones. v a qué se debe rstp aumento en las rentas individuales? Ante todo, al tremendo aumento en el poder de produc .f^ón, como resultado de la generalización do la maquinaria, y al consiguiente aumento en eficiencia. Los beneficios de la mayor eficiencia se han esparcido entre Jas masas1] por medio del sistema de salarios y precios. El obrero, u otra person^ cualquiera que perciba sueldo o jornal, aumenta sus ingresos, ora como consecuencia de un aumento de sus emolumtentbs, ora como resultado de una reducción de los precios de los artículos de consumo. Si durante un período dado de tiempo ios salarios se duplican i y los precios no cambian se contará evidentemente con un aumento en el poder de compra, otro tanto sucedería, si los salarios no cambian y los precios bajan. El mejoramiento en las condiciones de vida en los últimos tiempos no es smo el resultado de ia mayor dis tancia entre los dos factores dichos: salarios y precios. Se oye decir con frecuencia que no se pueden aumentar los salarios o disminuir los precios sin destruir las posibilidades de lucro. Quien sostenga lo anterior sencillamente da por sentado que ya no es posible ningún futuro mejoramiento en las condiciones generalas de vida. Y aceptar tal argumento equivaldría a admitir que las em presas privadas ya no pueden ser capaces de contribuir al progreso económico de la humanidad b* cue evidentemente es absurdo. Al contrario, los conocimientos cien tíficos y técnicos que ahora poseemos han de capacitarnos para acelerai el paso del progreso. Lo que tenemos qu? preguntar ahora es ¿cuál de los dos medios con que .contamos para aumentar el poder adquisitivo del publico es el que. se adapta mejor a nuestro prepósito ? Aumentar los salarios determina un aumento en el poder de compra sólo de la población que percib?. entradas de esta naturaleza, o sea, én los Estados Unidos, el 40