LA VIOLETA. 37 si la Naturaleza se hubiera propuesto mostrárme su improvizada música. De pronto percibí encima de mí tímidos pillidos que parecían provenir de pajárillos que acababan de nacer, esto es de romper sus capullos que antes los privaba del aire y de la luz, lo que me hizo suponer al momen to que alguna pareja de amorosos volátiles hubiera destinado aquel lugar para ediíic.;r con dulce encanto el santuario de su amor. B en pronto me convencí de ello, á poca distancia de mi cabeza estaba un nido de entretejidas y finas ramas fuertemente suspen dido al árbol que á la vez que de apollo le servia para mecer en suave vaivén la preciosa morada que antes muda, ya se encontraba risueña por 1 i dulce algazara que promovían sus nuevos huéspedes. Muda y contemplativamente viendo tan hermoso cuadro me encontraba cuando vino á sacarme de mi aletargamiento el melodioso trinar de un zenzontle tal vez el dueño de aquel hogar y el mismo que momentos antes estaba en un árbol próximo cantando gozoso quizá para aliviar á su consorte del duro paso de la incubación, y que comprendiendo la aparición de sus pajarillos voló hacia ellos saludándoles con alborotadores aleteos acompañados de armoniosos cantos escogidos, no lo dudo, para tal ocasión. Nuevos visitantes tuvieron los alegres pajarillos: el sol que rascando las cortinas de gaza, asoman su gigantesca cabeza, saludando al mundo se encarga de matizar aquel bello cuadro. Tan abstraída estaba ante tanta belleza que no me di cuenta de los dolorosos gritos de Rodolfo hasta después de haberme sacudido con fuerza y era que como único éxito de su propósito había conseguido tan sólo la venganza de nna colmena que en contró en alguna flor; y ni flores ni mariposas pudo ofrecer á mamá sino solo llanto, mientras que yo el indeleble recuerdo de aquel cuadro de Amor maternal de los animales jamás se borrará de mi memoria. Fantina. p mi pw EN SU DIA. Falta, !oh padre! á mis manos una lira Y á mi frente del genio la grandeza, Para entonar el canto de terneza Que tu nataLexpléndido me inspira. A mi alma falta la ilusión inquieta Que nos forja de dichas un tasoro; De la gloria me falta el man o de oro Que embellece la talla del poeta. Mas tengo un corazón que á cada instante Por tí palpita con afan sublime, ¿Mi tierno corazón, oh padre, dime Para cantar tu dia no es bastante ? Recibe alegre la canción primera Que en profunda gratitud te envía Ella lleva las floras que este día Cortó de su naciente primavera. Quisiera que cual hoy fueras dichoso, Que de tus ojos se alejara el llanto, Porque es mi anhelo, mi mayor encanto Contemplarte feliz padre y esposo. Si con un inmenzo sacrificio mío, Tu completa dicha se alcanzara Con mi existecia, oh padre, la comprara Tal en el mundo tu ventura ansio. Cruza, cruza sin pena por la vida Entre tus hijos y tu esposa amada Hasta mirar tu frente coronada Por la vejez augusta y bendecida.