o20 de Abril- 1924- REVISTA CATOLICA 261 ....................................................£ A LA RESURRECCION DE JESUCRISTO .".".........................-......-.............§= Yacía envuelto en 'polvo y sangre yerta bajo la losa fría el santo de Israel, el pecho herido, la temblorosa faz de horror cubierta. Triste el mundo gemía en densa niebla y en temor sumido: en medio la alta cumbre doliente el sol oscureció su lumbre. La despiadada muerte poderosa, blandiendo su guadaña, con la divina sangre ya teñida, en torno del sepulcro silenciosa gira con fiera saña, y el humanal linaje, envanecida, con poderoso hierro en pena arrastra de antiguo yerro. Mas Jehová de esplendores inmortales en densa luz velado, del alto empíreo en el supremo asiento, do sustenta del orbe los quiciales, y el curso arrebatado fija a los astros su imperioso acento; habló con voz tonante que sonó de la aurora al mar de Atlante. — ¿Y vencerá Luzbel? ¿El pueblo insano (dice) del inocente el nombre ha de borrar? ¿El almo nombre que el firmamento adora? No; que en vano contra el brazo potente osó el abismo. Triunfará, y el hombre de antigua tiranía será de hoy libre: la victoria es mía.”— No encendido tan súbito en la altura globo de luz brillante por el aire en la noche se desprende; cuxil del padre. Abraham la mansión pura el ánima triunfante rápida deja y el sepulcro hiende. Síguela el coro santo que anheló su venida en largo llanto. La oscura tumba en célicos fulgores se inflama: nueva vida el pecho ensangrentado hinche glorioso, y el rostro baña en cándidos albores. Se alzó, y en voz subida VENCI, dice: y con eco armonioso tierra y mar resonaron y del orbe los polos retemblaron. “VENCI. Del cielo las eternas puertas con planta venturosa el humano entrará. Satán impío logró en vano con artes encubiertas la estirpe numerosa del hombre esclavizar: ya el reino umbrío cayó; mi fuerte mano rompió los yerros del audaz tirano: “Salud, mortales: el amargo lloro desterrad: nuevo día a la tierra nació. Piadoso el cielo de inmarcesibles bienes el tesoro abundoso os envía; de bienes, que de Edén el grato suelo jamás ¡oh! fecundaran, y en vano vuestros padres suspiraran. “¡Oh Dios! Tu brazo fué, tú lo juraste. La espada que potente me ceñiste, triunfó. Tú las naciones a mis pies y los pueblos subyugaste. Vuela de gente en gente mi nombre: victoriosos mis pendones del tártaro profundo, tremolan por los ámbitos del mundo. “Cayó, cayó Salón. Roma, tu solio ¿dó está? ¿dó las que el viento enseñas vanas desplegó ondeantes? Mi cruz Pedro arboló en el Capitolio, y fijó eterno asiento mi religión. Ante ella vacilantes cayeron derrumbadas al ciego error las aras levantadas. “Hijo del trueno, vuela: el pueblo ibero en tu celo ardoroso feliz su gloria cifra: eterna gloria reservada a la fe. Del nombre fiero en conflicto dudoso triunfó Hesperia: mi cruz es la victoria. ¡Oh vírgenes sagradas! cantad, del yugo infame libertadas.”— Dijo: y la cruda Parca el sacro acento oyó, y en triste aullido lanzóse presto al tenebroso lago. Estremecióse el avernal asiento; y con ronco alarido Luzbel gimiendo su fatal estrago, saltó del negro trono, y rompió el cetro con feroz encono. José M. Roldán, Pbro.