798 REVISTA CATOLICA 30 de Noviembre, 1924. LA NUEVA CONSTITUCION DE HONDURAS Artículo peligroso. Ciertamente que ningún bien ha de traer a la república hondurena el último punto del art. 14 de la nueva Constitución, redactado en estos términos según la moción de Alcerro Castro: “No podrán (los extranjeros) hacer reclamaciones ni exigir indemnización alguna del Estado, sino en los casos en que pudieran hacerlo los hondureños. Tampoco podrán desempeñar cargos o empleos con jurisdicción general, seccional o departamental, incVusire. los de los distintos cultos establecidos en el país, bajo pena de expulsión”. Tal artículo en lo que se refiere a la coartación de la libertad religiosa causó una protesta general del elemento católico, que es la mayoría del país; mas los nuevos Padres de la Patria que se dicen representar al pueblo hondureño, han dado a éste una verdadera bofetada, constituyéndose en tiranos. No solamente no atendieron a la protesta presentada a la Constituyente, sino que tuvieron la audacia de suprimir el periódico que recogió la voz del público. No hay más remedio que educar al pueblo y enseñarle el recto uso del voto con todo lo que eso supone, si se quiere impedir que una minoría, un grupo pequeño de agitadores políticos, acapare con mil artimañas y medios ilícitos la representación nacional, con perjuicios incalculables para la paz y el progreso del país. No nos llama tanto la atención la moción de Alcerro Castro, que, mirados los motivos en que la funda, revela su poca educación y odios mal reprimidos, cuanto la aprobación dada por la mayoría de la Asamblea Constituyente, de quien se podía esperar mayor cordura, y sobre todo mayor respeto al pueblo a quien representa. ¿Ignoraba la opinión del país sobre ese asunto? Pues no cierre sus oídos a las graves protestas que le han llovido de todas partes de la república, y verá qué opina y siente el pueblo hondureño. Una Asamblea que da su aprobación solemne a una ley para la cual la razón que se trae es un grosero insulto a personas dignas de toda consideración, no merece respeto ni puesto ante los pueblos civilizados. Y tal es la ley de que se trata, para cuya aprobación adujo su autor como motivo, ser la religión una especie de farsa, y sus ministros los explotadores de lo más sagrado y noble del hombre: la conciencia. Ahí no hay más que levadura liberal que fermenta y llena ya el ambiente con sus miasmas corruptores. Si la Iglesia es libre, que la dejen gobernarse según sus leyes. Ahí no hay más, repito, que levadura liberal, y so pretexto de favorecer al clero nacional, se quiere acabar primero con el extranjero para acabar también después con el otro, a quien ningún respeto ha mostrado la Asamblea, al desconocer su digna protesta encabezada por el dignísimo Vicario de la Arquidió-cesis. ¿Cuándo abrirán los ojos ciertos políticos para ver las^ inconsecuencias de sus funestas teorías? ¿Cuándo los abrirán los buenos ciudadanos para no dar su voto a personas incompetentes e indignas de él? Los grandes hombres y los políticos sagaces siempre procuraron la unidad religiosa como base estable de la grandeza nacional. Por eso el gran Pitt decía que se dejaría cortar un brazo, si así pudiera conseguir la unidad religiosa de Inglaterra. Esta sólida base están minando tantos políticos latino-americanos con su loca persecución religiosa. LOS PP. FRANCISCANOS EN INGLATERRA. Con ocasión de celebrarse en Inglaterra el séptimo Centenario de la llegada a ella de los PP. Franciscanos, entre otros festejos, en los que tomaron parte todas las clases de la sociedad, entre las que se contaban autoridades civiles y milita-tares, tuvo lugar una solemne y magnífica procesión que recorrió solemnemente las calles de la antigua ciudad de Cantorbery y se dirigió entre millares de espectadores a las ruinas del convento, que fué destruido durante las persecuciones del lascivo Enrique VIII, padre del protestantismo en Inglaterra, y que todavía están en poder y en manos de los no católicos. La prensa inglesa de todos los matices ha elogiado grandemente la labor realizada durante siglos por los humildes hijos de San Francisco y se ha ocupado encomiásticamente de la celebración de tan histórico acontecimiento. /¡Gobiernos g gobiernos___!! Al leer este relato y ver por otra parte la actitud que tomó el presidente Obregón y su gobierno con relación al Congreso Eucarístico Nacional Mexicano y comparar nación con nación y gobierno con gobierno, no pudimos menos de exclamar: ¡ Pobre Inglaterra, pobre gobierno Británico! todavía están por civilizar; todavía no han abierto los ojos a la luz del progreso moderno ; todavía no saben lo que exigen el derecho de gentes, la libertad de conciencia, el respeto a las ideas de los demás, la dignidad diplomática y los más elementales rudimentos de educación.. Eso de permitir procesiones públicas, eso de tomar parte en ellas las autoridades civiles y militares, mayormente siendo nación protestante.... eso solo lo hace una nación retrógrada, un gobierno obscuro y sin prestigio, ineducado.... Y lo mismo habría que decirse de Holanda, nación protestante, en la que desde la Reina y su gobierno hasta el último ciudadano decente dieron toda clase de garantías para el solemne Congreso Eucarístico que se celebró este mismo año, y lo patrocinaron con su apoyo moral unos, material o-tros y todos, por lo menos, con su respeto. Estas naciones se ve que no tienen historia; ¡ ¡ están fanatizadas___!! No tienen más remedio. No tienen más remedio, si quieren obtener el respeto de las demás naciones civilizadas y andar con el progreso de los tiempos, que mirar ciertos gobiernos y presidentes que van a la cabeza de___la cultura jacobina.