804 LA voz . , yas, son tan bajas y mezquinas como la tierra qjte pisáis; que vuestra generosidad,' comparada con la de él, no es mas que ruindad y villanía, y que vuestras aspiraciones son repugiqante inmundicia, en comparación de sus aspiraciones gloriosas, , ¡Le tenets compasión, le miráis con desprecio, le pegáis virtudes grandes y sublimes!.,.. ¡Oh! que peligre la patria, y le yereis arrostrar los mayores peligros por defenderla; que llore un desgraciado, y le yereis hacer los, nías grandes sacrificios por, consolarle,;, que se trate de la fama, de la buena reputación, le vereis posponer; al honor todas las riquezas terrenas. Y entre tanto vosotros yereis perecería patria escondidos en los salones "de vuestros palacios, sin atreveros á presentar el pecho á los ataques del enemigo; veréis sucumbir al infeliz en los brazos de la miseria, sin tenderle Una mano protectora, sin derramar upa lágrima compasiva sobre su infortunio ; veréis desaparecer vuestro honor, y no le echareis de menos, con tal que conservéis vuestras .despreciables riquezas. - La vida del justo en la tierra es dichosa en medio del infortunio, porque sabe bien que esta vida es una peregrinación, y no pueden sorprenderle las amarguras del destierro; porque nadie puede arrebatarle la dulce satisfacción de practicar la virtud, ni mucho menos la esperanza, mas dulce todavía, de pasar pronto ú otra vida de perenne felicidad. OB SEZVV ACION ¿B. HIS T O RIC A S. ARTICULO IV. Un momento de reflecsion hecha sobre sí mismo basta para que cualquier mediano entendimiento conozca qúé en él hombre se reunen los dos nías distantes estreñios, es á saber, úna escelencia admirable con una no menos admirable ruindad. Sentado en?uña silla ó descansando en su lecho, este admirable ser suelta el pensamiento, vuela con él, recorre los tiempos pasados, lós presentes y tal vez se atreve á escalar la muralla que le oculta lo venidero: ¡conversa;con las personas que luengos siglos ha fueron borradas de la,lista,deflpb;vivientes: atraviesa montes, ríos y valles hallándose en un punto en remotas y opuestas regioneshiende las esferas, las cruza, se detiene en- los cuerpos luminosos que las hermosean, mide sus .distancias, tantea, su peso, y después, de haber encerrado en su mente la inmensidad de la creación, todavía, conserva enteras sus fuerzas para elevarse, á la region sobrenatural hasta contemplar por lo me-nos las nubes lumbrosas que rodean el trono del divino Hacedor.