LA VIOLETA.______________91 proyecto: Ojalá y se cumplan tan firmes proposites, será nuestra dicha apetecida el ver que de veras se inicia á la mujer en el sagrado templo de la sabiduría, Delia. Todo en el mundo perece. Todo en la vida se acaba, Se agota el placer, la dicha, Y se extingue la esperanza. Huye la ilusión tijera. Muere la gloria soñada, Se olvida el amor, se olvida, Y tienen fin las desgracias. Que el sufrimiento se agota Aunque desgarrando el alma. i Y todo muere en el mundo Y todo en La vida acaba! II Mas hay, por nuestra fortuna Hay algo que nunca pasa: Nunca mueren los recuerdos En los que de veras aman; 8e atesoran en el pecho, En el cerebro se graban, Se fijan en la memoria, En el corazón se enraizan, Y se riegan con el llanto, Y dentro el alma se guardan, Y cuando ésta vuela al cielo, Al cielo van con el alma. Eb-nim Tapia de Castellanos. [Juadalajara] LA SAMARITANA. El Salvador de los hombres vino al mundo para enseñarnos la ley del amor. Hijo de Dios, y poseyendo el secreto de la eterna sabiduría, tocios sus actos en la tierra tienen un sello especial de sencillez y grandeza, reveladores del origen divino de donde emana. ■ ¿Quién comprendió más pronto la sublimidad de la doctrina de Jesús? La mujer. ¿Para quien fueron las palabras m¡Ls cariñosas del Redentor? Para las mujeres. Cuando la tierra se estremecía de gozo al sentirse hollada por el Divino Maestro, cuando escuchaban atónitas su palabra augusta las muchedumbres ignorantes, sin acertar á comprenderla, en Samaria, una mujer se penetró la primera de la magnanimidad de sus conceptos. No lejos de la ciudad de Bichar sentóse Jesús fatigado junto al antiguo pozo que Jacob diera un día á su hijo José, mientras esperaba el regreso de sus discípulos que habían ido á la inmediata población. Una hermosa mujer de Samaria llegóse al Eozo para sacar agua, y el Redentor, elevando-acia ella sus divinos ojos, dijo con dulce acen to: —Mujer, dame agua. —¿Cómo tú, siendo judío pides agua á una Samaritana, olvidando antiguos odios? —Porque cualquiera que beba do esta agua volverá á tener sed, respondió Jesús, mientras que el que bebiere del agua que yo le daré, no adolecerá jamás de ella. Y como una música celestial, de los labios del Redentor salieron los puros preceptos de la moral cristiana, que la Samaritana preguntó asombrada: —Señor, tú que todo lo aciertas, ¿eres acaso el Mesías prometido? /—Yo soy, contestó sencillamente el Divino Maestro. Entonces sintióse de repente la Samaritana invadida por el convencimiento más profundo; comprendió que aquel hombre extraordinario' tenia algo de divino, y corriendo á la ciudad, reunió numeroso pueblo, volviendo juntos aí encuentro de Jesús, que les esperaba junto al pozo de Jacob, con sublime confianza. I/a muchedumbre oyó arrobada al Señor quien permaneció dos días con ellos instruyéndoles en la nueva fé. Al abandonar á Bichar Jesús y sus discípulos, los samaritanos, maravillados de cuanto habían oído decían á la mujer: —-Tenías razón; cierto, este es el Salvador del mundo, el Cristo. ¡Siempre, en todos los tiempos, la mujer, como la Samaritana, se halla pronta á ádmitir toda idea grande y noble! Además, no es posible olvidar que las mujeres siguieron valerosamente á Jesús hasta ' el Calvario, cuando sus mismos discípulos le abaiuloqaron.