6 El Mensajero JuTenil______ ___________________ mos encontrar alivio para nuestras tristezas por el hecho de que no estaremos solos en ellas, sino que nuestros hermanos nos ayudarán a compartirla y a disponer mejor nuestros corazones para que descienda sobre ellos el Santo Espíritu de Dios. Un Castillo de la Edad Medioeval en Europa ________ Cultivemos pues, en todos los nuestros el hábito de asistir al culto, haciendo que sus corazones se sientan, primero que nada, llenos de gratitud a Dios porque “es bueno; y porque para siempre es su misericordia.” ___________________El Mensajero Juvenil 7_______ ____ Sesión de Estudio Bíblico—No sin Sangre. Por W. H. Savage, Londres, Inglaterra. Traducción por W. D. Smart. (De la Revista Homilética.) Diciembre 13, 1925. __________ LECTURAS DIARIAS Lun. Die. 7. El Cojo. Juan 5:1-18. Clave: V. 15. Mar. Die. 8. Cinco Mil Alimentados. Juan 6:1-14. Clave: V. 14 . Miér. Die. 9. El Pan de Vida. Juan 6: 22-40. Clave: V. 35. Jue. Die. 10. Haciendo Frente a los Enemigos. Juan 7:14-24. Clave: V. 17. Vier. Die. 11. La Verdadera Luz. Juan 8:12-20. Clave: V. 12. Sáb. Die. 12. Los Hijos de Abraham. Juan 8:31-59. Clave: V. 36. _______ o---- Introducción. “Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir?” El incrédulo contesta negativamente a esta pregunta que h;zo Job (cap. 14:14). La contestación que nos dan las Saeradas Escrituras es la siguiente: “Está establecido a los hombres que mueran una vez y después el juicio” (Hebreos 9:27). ¿Qué es la causa de toda la ruina y la miseria que abundan en el mundo? El incrédulo, meneando la cabeza, dirá que no sabe. Pero las Sagradas Escrituras declaran inequívocamente que el pecado es la causa de todo; que todo lo que hizo Dios era bueno en gran manera, pero el pecado entrando lo manchó, todo; que la muerte sobrevino como castigo; y que la muerte no reduce a la nada al pecador, sino que lo introduce en un porvenir en donde le espera el juicio. Luego, el hombre vuelve a vivir después de salir de este mundo. 1. El Destino Humano. El Libro santo revela en el porvenir dos mundos, el infierno y el cielo. ¿Hacia cuál de estos mundos se encamina la raza humana? Teniendo en cuenta que el hombre expulsado lo recuperó; que los descendientes de aquel hombre están todavía del lado de afuera, en marcha hacia la tumba; que la muerte es consecuencia del pecado, y es seguida del juicio, queda evidente que no es el cielo el término de la carrera humana. No; la verdad es, y verdad muy solemne, que todo sér humano entrando en este mundo empieza una carrera cuyo término es el infierno. Sin embargo, es el vivo deseo de todos librarse de la condenación del infierno y posesionarse del cielo. ¿Será posible que algunos lo consigan? El Libro santo afirma que sí. He aquí pues, el problema: si la expulsión del hombre del paraíso terrenal demostró que su pecado le había hecho indigno de estar en la presencia de Dios; si la muerte y el juicio son las consecuencias del pecado; ¿sobre qué base, y por qué medios puede un Dios justo librar al hombre del castigo merecido e introducirle en el paraíso celestial? Muchos son los que se han expresado sobre este particular, afirmando que si un hombre procura cumplir con su deber en este mundo, Dios se dará por satisfecho, y le recompensará con el cielo. En otras palabras, que el cielo es el fruto de nuestras obras de justicia. Pero ¿será verdad? ¿Me conviene arriesgar mi suerte eterna fiándome de opiniones de hombres mortales que no saben más que yo? ¿No puede mi corazón intranquilo hallar la paz que nace de la seguridad? Pues digan lo que quieran, el asunto de la salvación eterna es de la mayor seriedad. En comparación, toda otra cuestión ocupa lugar secundario. ¿Qué circunstancia en esta vida puede igualar en importancia la suerte del alma en el porvenir? En este presente mundo, todo tiene fin, y pronto el mismo mundo no será. Pero en la eternidad todo está establecido. Allí no habrá mudanza: el lloro de los per-