SALTILLO COMERCIAL ■ - 1¡;1^7iiZC.I!..i.!.ii ir~7r7irrLiÜT^.CTmnnn^^.mmTrTT^rrn.\u..i.dJuiUi< iiüiuiiiH«tmiiiiuiiiiuiuinaiimiiiiuuuimninnan«miuiiii.iii...unimnHmifari —»•■■•■>•• .. a Dos Errores Básicos en Cuestión de Costos Con nuestro siempre vehemente deseo de hacer luz en un asunto que consideramos de vital interés para los se-norlts <-iindustriales, como es la cuestión dé los costos, nc ya en cuanto su exactitud sino en lo que se refiere a la forma ijdg concebirlos, nos vamos a permitir señalar ah go y dar un toque de atención comedido y respetuoso, pero sonoro y fuerte, a los señores capitalistas de la industria en México, en vista de que todavía hay muchos de ellos que parece que se em peñan en no querer asimilar la íradical transformación que se viene operando en el mundo respecto del conceptc de los negocios. Sobre <1 particular, dice Henry Ford: “El hombre rico (se refiere a los dueños de negocios) es sólo una especie de depósito para reunir dinero que puede emplearse a granel con un propósito útil. El dinero implica una responsabilidad y una obligación que no pueden evadirse. Un negocio debe pagar a todos los que están relacionados con él; pero tam-bieVi ctebe pagar al público que lo áostiene. Cuando no existe el provecho para e1 comprador igual que para el vendedor, el negocio no es bueno/* Según muchos industriales para que su negocio sea bueno. es decir para que pagan do a todos los que están relacionados con él, pagine también al público que lo sostiene, se necesita contar con la plena y decidida protección oficial, sin la cual los clientes son los que tienen que pagar las consecuencias Para no hablar en abstracto vamos a copiar textualmente las palabras de un industrial sumamente conocido y estimado; palabras que fueron dichas con motivo de un intento que se estaba haciendo para quitar la protección, arancelaria con que contaba su negocio: “El quitar los derechos ara n c e 1 a ríos, seguramente equivaldría a entregar ccan-do menos el mercado nacional de la zona periférica (costas y fronteras) a la industria extranjera... con grave quebranto para la industria nacional “Entonces —agrega y rogamos al lector fije toda su atención en las palabras qu: van a. seguir—, teniendo que reducir nuestra producción en la calidad correspondiente a esjj zona periférica que habríamos perdido, los gasto? generales de nuestra Compañía, que son muy fuertes, teniendo que gravitar sobre una producción más reducida. elevarían de una manera aprecjiable él costo de producción y resultaría que los clientes de», la capital tendrían que pagar ellos ese recargo del costo.” Es en estas palabras en donde encontramos ese extraño empeño de cerrar los ojos a que nos r¿terimos al principio. Porque en estas paiauras, el industrial en cuestión da como hechos irremediables, fatales imposibles de aceptar de otra manera, estas dos cosas: PRIMERA.—Que los gastos generales de su Compa nía, que son muy fuertes (él mismo lo reconoce) no puedan. llegado el caso, dejar de ser tan fuertes SEGUNDA.— Que tengar que ser lós clientes de la capital. es decir: los únicos clientes que le quedarían, los qué tendrían que resentir, reconocer, aceptar y pagar ese recargo de 'costo provocado por una cesación de determinadas condiciones favorables a su empresa. -Con todo comedimiento y con toda buena intención, nos permitimos decir a este señor qu? en una y otra cosa está completamente alejado de los principios básicos que en estos tiempos rigen en materia de costos •industriales. Al decir “estos tiempos” nos referimos a los últimos diez años. No acabaríamos nunca si nos propusiéramos decir lo que sobre los gastos generales de un negocio industrial (overhead) y sobre es? antiguo concepto de que el con sumidor d^be pagar lo que el industrial le pida por pro-