El Mensajero Juvenil El Mensajero Juvenil !> ¡!- •I . Kmi a v ‘‘lavando las redes” mientras que Jesús está a nuestro lado esperando darnos el pan de vida? Este era el caso con estos discípulos. Estaban, como Martha, “distraídos en muchos servicios.” qué había tras esto? Pues sencillamente el hecho .de que no comprendían lo que Jesús era y qué podia él hacer por ellos. 3. Asombrados por el Milagro. Los milagros eran las credenciales de Cristo; las señales y pruebas de su divinidad. Los discípulos necesitaban tal prueba entonces porque estaban entregados a sus trabajos sin comprender el carácter y poder de Jesús quien estaba en medio de ellos. Pero el milagro los hace que vean. Pedro, vencido por él, cayó a los pies de Jesús y dijo: “Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador; o, como nosotros lo expresaríamos ahora, “soy completamente indigno de estar cerca de ti, pero permíteme quedarme.” Jesús conocía el corazón de Pedro y sus necesidades y lo designó para la obra que había de traerle tantas bendiciones. Necesitamos ser asombrados, como Pedro, del poder de Jesús, y, como él, caer a los pies de Jesús. Una comprendida fe conquistadora en Jesús debe preceder toda acción y gobernar en todos los asuntos de la vida. Nuestro Señor nunca se hace a un lado, sino que siempre va adelante. No debemos meramente prestarle un buque en el cual enseñe a otros, sino que debemos dejar que nos enseñe a nosotros y que nos nombre para nuestras tareas en el reino. Esta fe que hizo a los mártires en los tiempos pasados, se necesita hoy día para que haga al obrero. 4. Pescadores de Hombres. Con gran sabiduría seleccionó Jesús este momento, mientras ellos se asombraban de su éxito, para llamar a estos cuatro discípulos a dejar sus negocios y seguirle. Un año antes lo habían escogido como su Maestro (Juan 1:35-42); habían estado ya con él durante una parte del tiempo (Juan 2:1-12); pero probablemente no habían comprendido que para servirlo tan completamente como ellos deseaban, debían prepararse para dejar todo y para dejarlo en un instante. Ellos contestaron sin vacilar el llamamiento de Cristo, aun cuando su negocio en aquel instante era más próspero que nunca. Era la separación de los caminos, pero ellos hicieron una sabia y bendita elección. Ser “pescadores de hombres” es el deber y privilegio de todo cristiano. Cristo nos llama a cada uno de nosotros, por su gracia, y por las necesidades de los hombres, a servirle. Nuestro mar es el mundo malo que nos rodea; nuestra red es la historia del evangelio, y una red es inútil sin un pescador; los peces son nuestros amigos perdidos; pescarlos para Cristo es tomarlos vivos, traer hombres vivos al Reino de Dios. Ir a pescar al mandato de Jesús, cuando y a donde él designa, se resolverá en un gran éxito (Isa. 55:11). Cristo trabaja con nósotros y nos da el éxito. 5. Una Mirada a Jesús Anima el Alma. Pensando bien las cosas, Pedro expresó un sentimiento natural cuando dijo: “Apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador.” Sintió en efecto que no era digno de asociarse con Cristo; vió su propia debilidad, su pequeñez, su pecado y su impiedad cuando miró el carácter divino y al mismo tiempo completamente humano de Jesús. (1) Jesús agita al pecador. Hay siempre en el pecho del pecador una agitación cuando mira á Jesús. A la vista de su propio pecado y el recuerdo de sus maldades, su primer impulso es alejarse—alejarse de la iglesia, de la familia, de su anciano y buen padre y de su santa madre; de la luz del día a la obscuridad; de esa sobriedad manifiesta cuando habla el Espíritu de Cristo y la conciencia responde, al torbellino mundano de placer y de la locura de las ganancias mundanas. Y sin embargo, junto con este impulso hay otro—caer a los pies de Jesús y suplicarle que se aparte. (2) La paz posible para el santo. El cristiano despertado por la comprensión del carácter y poder de Jesús, tiene conciencia de su propia pecaminosidad y su completa indignidad como Pedro la sintió. Y sin embargo, debe haber sabido, como nosotros lo sabemos, que nuestra paz está en Jesús y que ésta es más grande mientras más cerca estemos de él. Alguien ha dicho con mucha ra zón que la paz del alma es la base de todo poder, y que el poder distintivo de Cristo es que no vino a enseñarnos cómo puede alcanzarse, sino a dárnosla. “Os haré descansar.” “Mi paz os dejo, mi paz os doy.” Y esto a pesar de nuestros pecados. Jesús es el Señor de los espíritus atribulados, de una manera tan cierta como que él ha sido y es el maestro de las vidas, de los peces y de todos los elementos de la naturaleza. Jesús no partirá; él permanece y dice: “Venid. No temáis.” 6. Cristo, Señor de Nuestras Vidas. Hasta el tiempo de nuestra lección Jesús había sido rabí; ahora viene a ser Señor. El los llamó y ellos dejaron sus redes, sus buques, sus jornaleros y aun al anciano Zebedeo y le siguieron. Esto hubiera sido mal hecho a menos que en efecto Jesús fuera Señor y Salvador, pero si en verdad era y es ambas cosas, ¿qué son redes, buques, jornaleros y antiguos amigos y aun las ocupaciones ordinarias honradas cuando están en contra de su voluntad? En este milagro estableció él su supremacía sobre nuestras vidas. ¿Lo consideramos así nosotros? Pero él tenía un trabajo especial para Pedro, Santiago, Juan, Andrés y los otros que después vinieron a ser sus apóstoles. Ellos dejaron todo y le siguieron. ¿Nos llama él para que hagamos a un lado nuestros más queridos planes para nuestra vida y que le sigamos? Parecería que el mundo estuviera lleno de los llamamientos de Jesús—llamamien tos que vienen de las ciudades en donde los hombres trabajan y mueren por la falta de un discípulo espiritualmente enviado; de poblaciones nuevas, de las naciones paganas, etc.—llamamientos que vienen al hombre que puede hacer dinero, lo mismo que a los hombres que pueden pronunciar un discurso. Pero ¿hemos oído tales llamamientos? “¿Por qué me llamáis Señor,” dijo él, “y no hacéis las cosas que os mando?” 7. Contando el Costo. Nadie pierde nada rindiéndose completamente al servicio de Cristo. Un justo no puede perder. El está con Cristo quien tiene poder para tomar la vida entera de un hombre, tanto en lo material como en lo intelectual y espiritual. El camino más seguro del éxito es rendir la vida a Cristo, y conservarla en su sei vicio con la ayuda del Espíritu. No hay un deber con una promesa más grande que el de la entera consagración. Jesús dice (Rev. 3:20): “Si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo,” y en Marcos 10: 29, 30. se dice en detalle que el hombre que deja cosas que le son queridas, por la causa de Cristo, recibirá “cien tantos ahora en este tiempo........; y en el siglo venidero, la vida eterna.” En verdad el Señor animó a sus discípulos a rendirse a su voluntad. Pero jóvenes, mirad en derredor vuestro y ved cómo os anima a vosotros también. Mirad vuestro llamamiento en la palabra de Dios y contestadlo.