14 El Mensajero Juvenil El Mensajero Juvenil 15 Sesión Misionera*—Biografía de Victoriano de la Cova. Diciembre 27, 1925. LECTURAS DIARIAS Lun. Die. 21. El Consolador Prometido. Juan 14:1-16. Clave: V. 16. Mar. Die. 22. La Vid y los Pámpanos. Juan 15:1-15. Clave: V. 8. Miér. Dio. 23. La Oración de Despedida. Juan 17:1-17. Clave: V. 17. Jue. Die. 24. Pedro Niega a su Señor. Juan 18:15-27. Clave: V. 25. Vier. Die. 25. El Juicio. Juan 18:28-. 40. Clave: V. 37. Sáb. Die. 26. La Crucifixión. Juan 19:17-27. Clave: V. 19. -------o------- Introducción.—En el presente estudio introducimos la biografía de unos de los más fieles siervos del Señor en el mundo latino. 1. Su nacimiento. El eficiente y consagrado hermano J. V. de la Cova vió la luz primera en la ciudad de la Habana, Cuba, el día 23 de marzo del año 1855. Sus padres, según los pocos datos que hemos podido obtener, disfrutaban de una posición desahogada, y dieron a su bien amado hijo una ligera instrucción y una esmerada educación, preparándolo así sólidamente, aunque de manera inconsciente, para la obra a que más adelante había de dedicar su vida y en la cual había de sobresalir, tanto por su eficiencia cuanto por su consagración al Maestro. 2. Su matrimonio. Muy joven aún se trasladó con sus padres a la vecina villa de Guanaba-coa, donde comenzó a ejercer el magisterio, profesión para la cual parecía tener una vocación especial. En Guanabacoa se casó a los veintiún años con la Srita. Andrea Pérez, que fué su compañera fiel, su dulce amiga, una verdadera bendición del cielo para él, hasta el año 1916, en que esta noble cristiana durmió dulcemente en los brazos de su Se ñor en la Habana. El que esto escribe oyó decir muchas veces al hermano Cova que Dios le había bendecido gianden^ente al otorgarle una compañera tan cristiana, tan tierna y consecuente como lo había sido la que cariñosamente llamábamos An-dreita. 3. Cómo llegó a ser bautista. Por la época de su matrimonio, o quizás antes, Cova ingresó en una logia masónica en Guanabacoa, y en ella conoció a un ministro episcopal de apellido Báez, con quien llegó a tener una estrecha amistad. El Sr. Báez le habló a menudo del plan de la salvación y de la iglesia episcopal de que él era ministro, y por su instrumentalidad fué convertido nuestro biografiado, ingresando en la mencionada iglesia episcopal. Por este tiempo en posesión ya del título de Bachiller en Artes y en Ciencias, pensó nuestro oiografiado dedicarse a la carrera de leyes, estudiando al efecto por algún tiempo; pero habiendo perdido al autor de sus días, tuvo que abandonarle y dedicarse nuevamente al magisterio, a la vez que era lector en la iglesia episcopal. Un obispo de esta iglesia, cuyo nombre lamentamos no conocer, dándose cabal cuenta de las magníficas dotes intelectuales y morales que adornaban al joven Cova, así como de la sinceridad de su profesión religiosa, comenzó a darle la instrucción preparatoria necesaria para el ingreso en el ministerio de su iglesia. Enseñando en su escuela y estudiando en sus momentos de descanso, pasó algún tiempo, hasta que, habiendo conocido los principios característicos de la denominación bautista se convenció, por el estudio de la Palabra de Dios, de que estos principios eran los bíblicos y que la iglesia episcopal no era a la que debía pertenecer. Al efecto fué sumergido con Cristo en el bautismo, uniéndose a la iglesia bautista “Get-semaní” de la Habana, de la que era pastor el Dr. Alberto J. Díaz, por el año 1885. En esta iglesia prestó muy buenos servicios, en unión de varios hermanos, entre los que hay que contar en primer término a los queridos hermanos G. de Cárdenas y Miguel M. Calejo, trabajando activamente en la propagación del evangelio. Por esta causa tuvieron que sufrir persecuciones religiosas, dado que en Cuba entonces no había libertad de cultos, y el gobierno colonial trataba de impedir, con mano de hierro, todas aquellas propagandas que consideraba con tendencias libertarias. 4. En el Ministerio Bautista. Pocos meses después marchó a los Estados Unidos, donde terminó en 1889 sus estudios teoiógicos, en Portland, Mo., siendo ordenado regularmente al ministerio bautista en el citado año. A su regreso de los Estados Unidos se hizo cargo del pastorado de la iglesia bautista del Pilar (Habana). Trabajó también en el Cerro (Habana), donde organizó una iglesia, de la que fué pastor hasta el año 1896, en que por causa de las condiciones políticas reinantes en el país, con motivo de la guerra de Independencia que había comenzado el 24 de febrero del año anterior, pasó a la ciudad de Tampa, Fla., E. U. A. En esta ciudad organizó una iglesia bautista cubana, al frente de la cual estuvo hasta el año de 1899. En el pastorado de esta iglesia ejerció una gran influencia entre los cubanos emigrados, o expedicionarios, y en unión de los ya mencionados hermanos G. de Cárdenas y M. M. Calejo, fué de gran auxil'o a los referidos emigrados, que encontraban en él al hermano, al consejero dispuesto siempre a ministrar a sus necesidades físicas o espirituales. . Al regresar de Tampa, en 1899, fué comisionado por la Junta de Misiones Domésticas de la Convención del Sur, para abrir trabajo en la populosa ciudad de Matanzas, a la que por su gran cultura se llama generalmente “la Atenas Cubana.” En esta ciudad pronto fué conocido y estimado el hermano Cova, logrando al poco tiempo organizar una iglesia (que hoy es una de las más florecientes y vigorosas de Cuba) que le nombró como su pastor y en la cual supo ganarse el cariño y, respeto de todos. En ese importante cargo estuvo hasta el año 1916 en que, por causa de una peligrosa enfermedad en la laringe, tuvo que re nunciar a su pastorado para trasladarse a la Habana, a fin de ponerse en manos de hábiles especialistas en enfermedades de la garganta. El Sr. Cova fué Secretario de la Convención Bautista de Cuba Occidental desde la organización de esta corporación hasta el año 1919. En el desempeño de este espinoso y delicado puesto rindió magníficos servicios a la mencionada Convención. También fué nuestro biografiado Director de “Sión” desde la fecha en que este periódico vió la luz primera en 1905, hasta que en 1914 esta publicación se fusionó con “El Mensajero,” de Camagüey, Cuba. Como resultado de esta fusión nació “El Bautista,” como órgano de las dos convenciones Bautistas de Cuba, asumiendo el Sr. Cova, a solicitud de ambas convenciones, la dirección de esta nueva Revista, de la que, con constancia y eficiencia hizo una de las mejores publicaciones religiosas latino-americanas. La vida de J. V. Cova puede estudiarse bajo un cruádruplo aspecto: 1. como cristiano; 2. como pastor evangélico; 3. como escritor; y 4. como predicador, pues en todos esos aspectos sobresalió grandemente. (1) Como cristiano. El querido hermano J. V. Cova era un cristiano ejemplar. I>a vida del cristiano fiel debe resplandecer en toda virtud: en él las prácticas exteriores deben estar en perfecta armonía con los sentimientos del corazón, como que aquéllos son, o deben ser productos de éstos. Y esos sentimientos son el resultado de su abdicación, de la rendición de su voluntad a Cristo. Como dice la Princesa de Sayn Wittgestein: “Ante la presencia de Dios todos nuestros deberes se resumen en estas palabras; abdicación de uno mismo.” Y esta abdicación, esta rendición de la vida a Cristo, la había efectuado el Sr. Cova, profunda, completamente. Su mente estaba siempre ocupada en el estudio y meditación de las más hondas cuestiones espirituales; sus autores favoritos eran aquellos que más y mejor trataban esas cuestiones espirituales, y en los últimos años, sus sermones eran reflejos de los asuntos 3ue estudiaba. Y sus actos, su vi-a diaria, estaban de acuerdo con las doctrinas novotestamentarias en cuanto a la consagración, a la abdicación de la vida, haciendo de él lo que arriba hemos dicho que era un