18 saltillo comérciai. ducto que elabore, se ha escrito, demostrado y hecho en todo el mundo. Correríamos además^ el riesgo de que los muchos industriales nos contestaran diciendo que “eso se puede hacer en otras partes; pero que en México no es posible todavía.” . Preferimos mejor resumir brevísímamente el concepto que. en cuestión de industrias de cualquier género, se estima en la actualidad (de diez años a esta parte) como el único correcto y verdadero; y decir, brevísimamente ta-mL bién, lo que, quienes rigiéndose por esta concepto, han conseguido hacer precisamente aquí en México, en pleno período de Leyes de trabajo, crisis, huelgas, sobreproducción y mil plagas más que, en concepto de nuestros pesimistas recalcitrantes. mantienen a nuestro país al margen de toda esperanza de progreso y mejoría económica. El concepto es el siguiente : todo ¡industrial es un Hombre que tomando determinadas materias primas, las transforma en un producto diferente que después vende. Sus ganancias no deben depender en lo más mínimo del mayor o menor precio -a que tenga que pagar esas materias primas, sino única y exclusivamente , d,e su 6 'M inor habilidad para trains-formarlas al Mmor costo deoperación posible* Toda la ventaja que; obtenga en el costo de adquisición de *sus materias primas, debe pasarla '‘integral’ al público consu midor, conservando para sí solamente la consecuencia de esa su habilidad para transformarlos en el producto que vende. Ningún industrial puede tener esperanza de subsistir capaz producir el artículo en el mercado, sin sentirse que elabora a un costo tal que, rVvPAido al precio gu 3 el público por e^te artidido, len la actualidad puede pagar le deje —al industrial— una utilidad razonable. Esto quiere decir que no solamente resulta completamente utópico el pretender que permanentemente el público pague MAS por tal o cual producto, sino que es ahora el público quien fija, de antemano, el precio del mismo, y coca al industrial ttocer lo gue tenga que hacer, para poder vender a ese precio, ooteniendo una ganancia razonable, o. de lo contrario, resignarse o desaparecer del mercado. Ahora bien, ¿es posible llenar esa tremenda exigencia de bajo costo que se deriva de los conceptos anteriores, sin recurrir a protecciones ofi cíales o a otras que de cualquier otro modo - sean ajenas a la esencia misma de determinado negocio industrial ? Sí que lo es. Nosotros , lo vemos constantemente. Basta pensar y creer testaruda y Ciegamente, como lo hace Henry Ford, que “todas las cosas siempre pueden hacerse un poco mejor de como se ha estado acostumbrando a hacerlas hasta ahora’’ y con este hierro candente como acicate, :buscar, escudriñar, perseguir y eliminar por todas partes mermas y errores que la rutina ha hecho considerarlos como inevitables; y entonces el costo, el verdadero cesto del producto que se elabore, comienza a disminuir, pese a todas cuantas emergencias extrañas al negocio traten de elevarlo. El asunto es, precisamente por increíble, sumamente interesante. Para no ser interminables, nos limitaremos a tomar de nuestros archivos uno de los varios ejemplos que podríamos citar. En una fábrica de calzado, radicada por supuesto en el país, qpstó bastante trabajo convencer a sus dueños de que la única salvación posible ante la tremenda competencia que hay en este ramo, era la de tomar como guía ese principio fundamental de Henry Ford. Y costó tanto trabajo, no porque se tratara industriales que fueran renuentes o rutinarios. Todo lo Contrario; pero precisamente por su constante empeño de marchar al día en cuestión de ideas y de traba jo,, se ponía ya en la fábri-cación tal cantidad de esfuerzo, economías y control, que hacía que el costo de ese tipo de calzado resultara a •$2t.8O €¡1 par, incluidos, por supuesto, los gastos generales que tanto impresionan a nuestros señores industriales. Pues bien; una vez tomado y aceptado a ciegas el principio magistral ds que todas los cosas .siempre pueden hacerse im poco mejor de como se ha estado acos-brado a hacerlas, por medie de nuestro sistema de costos se buscó, se hurgó y se encontró en dónde había todavía fallas, filtraciones —y, por consiguiente, posibles economías—y al cabo de seis meses sin disminuir calidad Y.n les materiales. sin reajustar obreros, sino antes bien mejorando sus salarios en un 22%, se puedeÁ obtener es?, mismo zapato » un costo de $2.31 el par! Estos fenómenos generalmente se consideran utopías por quienes los oyen relatar. Son, sin embargo, posibles, perfectamente posibles. Decimos más: fácilmente posibles. Todfl la cuestión es, repetimos, creer testarudamente, ciegamente qúe todns las co sas siempre puedevn hacerse un poco meior de como ha estado wo acostumbrado a hacerlas, hasta, la, fecha. .. . De “EFICIENCIA.”