EL TIEMPO. PeBIOMUO D1DICADO A LA POLITICA Y PROGRESO DEL PUEBLO XEO-MEXtCANO. reteles »c irises. VOL. XX. LA.S CRUCES, NUEVO MEXICO, SABADO, NOVIEMBRE 9 DE 1901. NUM. 43. SUBLEVADOS j lugar ton de que la •ituación UN VECINO POR EL HAMBRE. es crítica y existen piobabiii- ¡ dade* de más derramamiento ■ de sangre. TERRIBLE WOTII MR FUTI , t',,“bk’r,,i ! r r-n i. cu .»w .u-o h., , . . a h*"’ "* v "° cn I un. «rnn p.l.rer., de Inrm. . DE *1|L I mtdi" «« ul de nble-1 clp,iche„, d,„ a' P°r ultimo, el "palomo" de blanca como el armiño |a 1 negro plumaje, tenia que ba hembra y de sombrío pluma |lIfee desesperadamente con je el macho; Otello y D«*dé-¡elIa- Para impedirle cometer mora, unidos en feliz comor- usurpaciones abominables. IMPniinnn nadas P°rel desaseo, y para iriuUiTlUiJUe complemento, había perdido El Fimo etica In trims I la escena. LOS RESTOS DE VILLAMIL los PreyectMee- ¡ Reifldu ti Sintlip íi Cell j ■ ttelio di EiriIi. El dia 16 del próximo pasado en Puruandia», Estado de Michoacan. México, hubo un j uníhe «otin e» d que u. raía, del ,ice-.lm¡ra«-peMoex fono, hende. d.l,eV¡||lm¡| comindlMcde|1 la. cuele....... menrle. bl ^u, peder, e-paitola. l„«,Ulto luí deludo i le c.rer L„|eo fui muerro en I. botarlo de mal. Sue por ler,o ¡ dc em. rmmpo ha peeeelec.do -"i barr.do. á Une. de la utmana awll. parte de Mí.ko. , la [ p,„da „ ,, vapdr aeet.10 de lo. monopol..t.t en p,,, conduc¡do, , t,. eumenur » pree.o 1 cierta U „remoni. del Ir..- rent.ded que Impo.íhhu * I |,do , c,^o del capí '‘‘ ,ilí da Po^, Yo“"“- "*** *' *" """“-¡taedp I* marina de los Esta- dos Ueidq*. Un saludo de *, nueve cañonazos fué díspara- ¡ do en el castillo del Morro. El vice almirante Villamil fué herido á bordo del cartonero Pluton y conducido a la orilla por marineros espartóles, muriendo poco detpuc* । Su cuerpo fué dejado sentado en und silla en upa cueva como cuatro millas de la etitra-jda á la bahía de Santiago, i t»ermaneciendo allí por eipa-, ■ , í cío de unos ocho meses antes LI pucU. «xn.ro «n tiempo q-x « cd t~r dentí. h.m-¡„que(uí a| „. ción no ofende la memoria del ilustre Moro de Venecia y su amantísima esposa.) Viven también allí, una tímida "torcas," i la que el plomo del catador destrozó una ala, dejándola inválida para cruzar en nudo vuelo el espa- te espectáculo. Sin duda, la buena señora ! la cola, á fuerza de andar de dió cuenta exacta de la si-' un lado para otro sin ninguna tuación, conociendo al verdadero culpable, pues, sin más trámites, abrió la jaula y arrancó violentamente i la "urraca" que se había prendido con la tenacidad de un "bulldog,” del plumaje de su enemigo. El furioso animalito se debatía furioso en la mano que lo aprisionaba y viendo q«e lo alejaban de la jaula, abrió desmesuradamente el pico, como lanzando una postrera mueca de insulto y desafio á su adversario- El palomo mientra* tanto, se revolvía por toda la jaula, encendida la mirada y lanzando sordo* ronquido* de trina- tríete, piando tu perdida líber- usurpaciones abominables. Después de cada una de tu* travesuras, el maligno pájaro se colocaba sobre uno de lo* travesaflos de la jaula, y allí, moviendo el cuerpo de arriba abajo como una persona atacada de risa, lanzaba un ronco graznido, semejante á una carcajada burlona. A la mañana, cuando la due- mexicano. debido á la esca-ee*. removió loa derechos, de ÍHiportacióe de mal* y grao des cargamentos fueron enviados de los Estados Unidos por una temporada para remediar la situación; pero bé aquí que los especuladores se 1 hicieren de todo el mal* en-1 tríade al distrito de Punían amado compañero que huyó allá, en el espeso monte, dejándola abaldonada en su le cho sangriento á merced del cruel enemigo. Quizá recuerda en su soledad loe arrunos del amante perdido, que otra más aíortu- cionada, temblando de amor. Otro de los huéspedes de la jaula ee un "zorzal,” cuya im prudente curiosidad le encerró en una "trampera." No tiene otra preocupación que recuperar *u libertad y se ob* tina todo el tiempo en meter la cabecita entre los barrotes de alambre, haciendo nervio sos esfuerzos para romper ese insalvable obstáculo. Cuan do cansado de su inútil tarea, raciói. diaria en un gran plato de loza, ella se precipitaba antes que ninguno sobre el suculento almuerzo sin permitir que nadie se acercase hasta haber saciado su grosera glotonería, abandonando luego los restbsjá su* eonipafle-ros, como á pobres á quienes se le* tira un mendrugo- Ultimamente el perverso pájaro había emprendido una obra criminal. En vista de Poco después *e producía la más dulce escena, el atribulado matrimonio: la palomita blanca apretaba en un prolongado beso el pico de su compañero como para reaovarle sus juramento* de íeli- Edu*uim> Foxaues. ' , , .. mi ceremonia tur atendida W«o.d«l«. u|ll m ,or¡i d= b Momadm M «o.,- dd m.m.o. ««■'=[ 10fc.r„0 m.liu,. armada en los granero* á nn ....... . , ILJ sigue de amor ban varia» mujeres y niño* I A I i AMA avanzó en cuerpo unido con- LLHIflHi tomar aliento, deja oír lastimeros trinos que parecen demandar un auxilio que no le liega jamás. El quinto habitante de aquella mansión es un “tero" jóven que en un principio armaba un gran alboroto, como protestando de una prisión injusta, hasta que Viendo el ’ zorsal" huían de su conucto, como se huye de un espíritu maligno, se propuso turbar la armonu del dichoso casal de paloma*. Al efecto, con toda ostentación y desvergüenza se puso á hacer la cor:e á la tierna palomita blanca, que huía con horror de su* brutales ga lameos. El macho, furioso de celo* y de cólera se precipitaba sobre el atrevido, erizado el negro plumaje y el pico dispuesto á herir, pero su valiente arrojo ee estrellaba contra la aguda defensa de su adversario y la lucha quedaba indecisa, hasta que el cansancio separaba i los combatientes. Entretanto, lo* demás Vedada lO-á-Dl Oscar Bvqcoa. tas y la* biso saltar en astilla*. Tan pronto como *e abrieron paso, se Unzaron dentro, pero fueron recibidos con una granizada de balas ante la cual un buen número cayeron herido*. Esto no sirvió para detener á la hambrienta turbamulta, y i una segunda descarga se dis-paró que fué ttu efectiva, que retrocedieron dejando en tierra so de Alk*. siendo siete «nujero». cuatro eiáus de mr-«os de i $ alo* de edad y nueve hombre*. La* UHijeresy niños ibiHi á la v—gsm dia y per le coesi guíente recibieron le peor de Puruandia* está á una* quinte legua* del ferrocarril, 1 que al amanecer de ese dia ocurrió un combate en Tay-jsan. provincia de Batangas. ' ei.tre la* compañía* Dé I, del primero de caballería, y lo* ’ insurrecto*. Estos fueron re-Ichazados y se refugiaron en i la* mootañx*. Lo* soldados i destruyeron los cuarteles de i los iasurreaes, Szxxi libras de | arroz y mucho* uniformes y I frazada*. Lo* insurrectos atacaron ayer la población de San José, provincia de Bataa ¡ ga*. que estuvocwtodiada por un destacamento del 11 de in-faneeria, bajo el mando del í (entente Cooeeliy. Los ame-Iricanoq se batieron bien, pero no pudieron impedir que loe' insurrectos incendiasen la du- i | más filosofía la situación y se concreta á responder de cuando en cuando, con estridente* graznidos, el saludo de una bandada de compañero* que suele pasar por la* cercanías. Por último, había allí también, (y décimo* "habla" porque á la fecha ha sido expulsada de la jaula) una "urraca," pendenciera y gritona, que no tenía paz con nadie. Era el vecino má* incómodo y causa, por su* exceso*, de grave* disgusto* entre su* compañero* de prisión. Siendo la primera que ha hitara la jaula, ee había fami-I liarizado completamente conr ; esa vida oprobiosa, y se coi । daba tan poce de *u persona como del que dirán- Su Un- ías paredes de la jaula, buscando una salida para huir. Ayer tuvieron término por fin, esta* escenas escandalosas. La "urraca,'' má* que nunca empeñada en su vituperable intento, había vuelto á trabarse en lucha encarnizada con el marido ofendido, mientras la tímida consorte contempla el cuadro llena de angustia y de horror. La batalla era má* sangrienta que nunca; la* plumas de lo* combatientes volaban al espacie, arrancada* de raíz por lo* vigoroso* picotazos, el piso de la jaula te extreme-cía con el furioso pisotear de lo* adversarios. Ti» grande era el ruido de la lucha, que la dueña de la a.1» hiñ M til*, «erru e*l U.-..r. «íe «Tí. *' í *",'^*** •**• ewe* u£í-. 5 se.' -H*" Subscríbase á El Tixmto. $z anuales.