TIEMPO DE B. C., Y SONORA — PAGINA 2 ■ V i. ■ * • Del Arcón Político de Baja California •Vi ... VSStTb’AÜA LA Í;MTO©A© e®ms> Sssex^ggí© áo Eéue©c?ón Pública el extinto ©?. Jaime Torrea Bode? y lo acompasaba en su ^ira 08 ¿esfflpafi-eeidiO Sreg. Eligió Esquive! Méndez, el también desaparecido Gral. Hermenegildo Cuenca Díaz, el "Chato" Ramírez Eyncüce, el Dr. Moteado, el Lie. José Luis Moriega, d profesor Víctor López Meza, el Lie. Horacio Brindis "Bom-Bom" Herrera, que observaban las explicaciones que se lo daban al funcionario federal sobre la construcción de aulas......................... De esto hace ya TIEMPO.......... ¿Verdad?...... Apostillas Políticas SLA PAmiOO DE CLASES OBUGA A SABER LA CLASE DE PARTIDO QUE SE ES Por Francisco CASANOVA ALVAREZ El Partido Nacional Revolucione.-rio (PNR) fue la gran creación política de Piulare > Elias Calles que, al convertirse en id principal mecanismo del proceso de institucionalización, se erigió en uno de los principales cimientos de nuesl .ro actual sistema. Al nacer como vínculo uni ficador de las principales fuerzas de la Rev- )lución Mexicana sobrevivientes, el PNR p emitió sustituir la fuerza personalizada de 1 Caudillo por la menos brillante, pero más efectiva y racional, de la institución presidencial. Común denominador politice > de un país esencialmente rural el Partido recogió e hi:io suyos los planteamientos can -pesinos; pero logró algo más: garantizar lo s intereses de otros sectores de la poblaciór i mexicana de ese entonces. No fue sólo su i ,-ficacia política, sino también su amplio si istrato social, lo que le llevó a dominar el panorama nacional. Ello explica por qut? la aventura vasconcelista, por definición urbana e intelectual, no podía tener porve nir político en un país agrario y analfabeta. La ruptura entre Calles y Cárdenas, las purgas en el PNR encomend adas a Portes Gil, pero sobre todo la config uración de las nuevas fuerzas sociales y la 1 creciente reacción a la política cardenista, llevaron a la creación de ese amplio frente i le apoyo popular al gobierno que, bajo la s siglas PRM sustituyó al viejo partido cal lista en la víspera de la sucesión presidenci al. El Partido de la Revolució n Mexicana, al declararse el representante d( * los trabajadores del pJs, al estructurarse en sus inicialmente cuatro sectores (Cam¡ lesino, Obrero, Popular y Militar) y al firm ar el “Pacto de Unión y Solidaridad”, ampli 5 considerablemente las bases de su susten tación popular en un momento en que la proximidad de la expropiación petrolera exigía la unidad nacional en torno a Cárdenas. El Partido Oficial continuó siendo pluriclasista, como su antecesor, si bien el país se estaba urbanizando rápidamente y estaba pronto a iniciar su aventura industrial. Las elecciones de 1940 demostraron cuánto había cambiado México en los últimos diez años. La fuerza del almazanismo fue la medida de la reacción al cardenismo, del proceso de urbanización y de la creciente heterogeneidad social. Consecuentemente, el Partido tenía que adecuarse a las nuevas condiciones que presentaba el país. Y lo hizo, desradicali¿ando sus planteamientos, en 1946. Su sustituto, el Partido Revolucionario Institucional, aunque conservó parte de sus orígenes campesinos, se convirtió cada vez más en el representante de los intereses urbanos (clases medias y obreros sindicali-zados). Los cambios sufridos por el México de los años cuarentas en el último tercio de siglo han sido notables: el valor del producto interno bruto se ha más que decuplicado, la población es ahora casi cuatro veces mayor, el crecimiento de la producción industrial ha sido más acelerado que el del producto interno bruto, cada vez más la población se concentra en las ciudad, pero la brecha en la distribución del ingreso es también más ancha ahora que entonces; en una palabra, el país ha crecido y se ha diversificado en lo económico, se ha vuelto más complejo y heterogéneo en lo social, y se ha polarizado en lo político. En tales nuevas condiciones estructurales, cabe preguntarse si el PRI podrá seguir siendo el partido pluriclasista que fue en el pasado, si podrá encontrar los nuevos comunes denominadores que le permitan garantizar los intereses encontrados que se cobijan a su sombra, o si, por el contrario, tendrá que optar por comprometerse más con los intereses verdaderamente populares. En este último caso es indudable que tendría que renunciar a ciertos apoyos que ahora tiene pero que. sin duda, lo comprometen a actuar demagógicamente. Porque, a pesar de que ha demostrado ser hitamente pragmático, en una sociedad cada vez más compleja, heterogénea y polarizada, los pasos del Partido Oficial parecen ser inseguros y tímidos, demasiado vacilantes y demasiado temerosos. Frente a las críticas oportunistas de la oposición tradicional, el Partido tiene la obligación de presentar alternativas coherentes con sus principios, y no salidas demagógicas y oportunistas también. Frente a la relativa solidez ideológica de la nueva oposición de izquierda, el PRI debe poder responder sin rubor y justificar sus respuestas ideológicamente. Lo que no puede, o no debe al ménos, es seguir ostentándose como el partido de todas las clases sociales del país pretendiendo quedar bien con tirios y troyanos, a costa de su imagen pública. Aunque se trate del Partido Oficial cesario distinguir entre éste y el godfc^B El gobierno debe actuar para todos losi rSxn canos, pero el Partido (por definición,'parte del todo), debe asumir su rol de conductor de las fuerzas e intereses populares. No hacerlo es querer marchar contra la Historia, y ésta no perdona. La futura Décima Asamblea Nacional del PRI debe ser, por eso, algo más que un simple acto ratificatorio o rectificatorio de sus dirigentes. Debe, ante todo, dar orientaciones y respuestas para que los propios priístas sepan hacia do'nde va el Partido o, en otras palabras, qué clase de partido quieren.