EL ECO 3 Notas Editoriales Morir para Vivir. « Paradójico pueda pa-••^jrecer el titulo de este pequeño editorial, pues desde luego se impone esta interrogación al parecer del todo justificada: ¿cómo es posible morir para vivir? Casi es seguro que guiados por un pensamiento semejante, les fuá a los que escucharon, incomprensible esta sentencia de Cristo: “El que quisiere salvar su vida la perderá, y el que perdiere su vida por mi causa, la salvará. ” El Apóstol Pablo dijo con el énfasis debido que cada cristiano está muerto al pecado pero vivo para Cristo. El mismo Señor Jesucristo afirmó que “el que cree en mí aunque esté muerto vivirá. ” Pensando en esto, llegamos a esta conclución: que la muerte o separación del espíritu del cuerpo, es sólo un punto . con vergente a donde todos debemos de llegar, y luego.... entrar en la vida que no ha de terminar. La tumba abre la puerta de una vida sin fin; y es sólo muriendo en la tierra, cómo se entra a esa vida cuyo ocaso no se puede conocer. Creyentes redimidos con la sangre y sacrificio del Señor Jesús, entraremos a esa vida verdadera para disfrutar de la presencia de nuestro Salvador, y de todos los goces que con ello estamos llamados a heredar, y a estoy las demás grandezas y sorpresas que nos reserva allá, el Señor Jesucristo llamó: Vida Eterna. Siendo el espíritu inmortal, también los réprobos y condenados entrarán a esa vida sin fin; pero irán “al fuego eterno prerarado para el Diablo y sus ángeles, desde la fundación del mundo. ” A este tormento y sufrimiento sin fin, el Señor Jesucristo llamó: Muerte Eterna. Morir físicamente, es pués entrar a esa vida sin fin, que en un lugar o en otro; en un estado o en otro de los antes indicados, se ha de vivir eternamente. Salvo o condenado, el espíritu vivirá para siempre. Para entrar a esa eternidad, es necesario morir es indispensable la separación del espíritu y de la materia humana en que durante esta vida transitoria, permanece y se mantiene aprisionado. Corta o larga lo que comunmente hoy llamamos vida, es sólo el símil de la que en ultratumba nos espera y a la cual no podemos entrar sin antes morir. Para vivir, es necesario morir, como antes hemos dicho. Templo de la Iglesia Presbiteriana Mexicana en Kingsville, Texas, donde se celebrarán las reuniones nocturnas del Instituto de Obreros y del Presbiterio México-Texano. ¡Sed bienvenidos todos! /